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Aprender a ser resistentes

martes 14 de julio de 2020, 10:17h

Los seres humanos, somos animales, pero a diferencia de ellos, contamos con una inteligencia sentiente, donde el Yo, es parte de cada uno, y no se alcanza a conocer solo desde la introspección, sino desde la convivencia, las elecciones, el vivir.

“Yo sé quién soy”, dijo Don Quijote. Y hoy ¿cuántos son los que podríamos realizar tal afirmación?

La psicología se nutre de la vida, primordialmente humana, esclarece la misma, y revierte en ella. Sí, la psicología es para la vida, para sus fenómenos y acontecimientos, no se queda en la conducta, pues las personas nos enriquecemos de elementos esenciales, como la conciencia, el sentido, la propositividad, la responsabilidad.

Partimos, de que voluntad, sentimiento, conocimiento, son componentes de la conciencia global del ser humano, y es que mientras el resto de animales tienen mundo exterior, nosotros contamos con mundo exterior e interior, por eso nos valoramos en gran medida, tras sopesar el éxito social alcanzado, pero también somos capaces de actos de amor, es decir, sin condiciones, ni expectativas.

La pandemia, el confinamiento, exacerban los síntomas y recaídas de pacientes vulnerables, genera tensión social, búsqueda de culpables. Es momento para orientar con criterio, de la importancia de la flexibilización psicológica, de entrenarse en la resistencia, en manejar la incertidumbre.

Comprobado que ninguna bandera detiene el virus, recordemos a Diógenes, “soy ciudadano del mundo”, disminuyamos la intolerancia hacia las ideas ajenas, llevemos a efecto investigación básica de calidad, dotemos de medios y recursos a las familias desfavorecidas, entre ellos con ordenadores.

Nuestras sociedades usan narcóticos químicos y otros como el populismo (basado en el oportunismo), la sociedad precisa asumir su liderazgo y salir de su apatía, regenerar su tejido, y hacerlo desde el talento. La lección esperemos que aprendida es que las personas son esenciales y que hemos de educar en la solidaridad y el compromiso, al tiempo que proveemos a adolescentes y jóvenes de un proyecto de vida, el cómo será cosa suya, ¡y nuestra!

Créanme, la mayoría de la población, superará la ansiedad, el miedo, la profunda angustia, desde la normalización de comportamientos, sin que queden en el tiempo, traumas indelebles.

Hubo un momento durante el confinamiento que todos los seres humanos, nos sentimos hermanos, resulta incontestable, que la desgracia une.

Las personas, habremos de reinventarnos porque subyace un sufrimiento sumergido, porque la debacle económica también menoscaba la salud mental.

Habrá que detectar a los que están peor, pues ellos no son capaces de pedir ayuda.

Estos días aciagos en que al ser humano le es difícil descifrar lo que le pasa, le conlleva la necesidad de los otros, de verlos, pero también le estimula la conciencia civil y democrática.

Los jóvenes y los menos jóvenes, hemos tenido mucho tiempo para estar con nuestros pensamientos, con nuestros sentimientos, para convivir con nuestra soledad, con nuestra ansiedad, con nuestra angustia, también con los otros, inclusive para saludar a los vecinos.

Hemos, quizás, concluido que el optimismo es un nutriente necesario muy bueno para nosotros, pero también para los demás.

También hemos comprobado que somos más flexibles, más adaptables de lo que muchos pensaban. Que tenemos recursos para afrontar el malestar emocional, que no nos cabe ante la incertidumbre más que la actitud positiva.

Ser resistentes, no solo cantar “Resistiré”, sino aprender a ser resilientes, es esencial. Miremos en los rincones de nuestra vida emocional, quizás estamos cambiando lo que entendemos por crisis.

Partimos de la negación, posteriormente de un pesimismo hipertrofiado, del estrés ante la adversidad, de un cúmulo de noticias, de sucesos, de un presente catastrófico, que busca elaborar unos planes de acción anticipatorios. Y ya que no podemos cambiar la situación nos cabe en algo modificar-nos a nosotros.

Asumamos el presente, veamos si estamos vacunados de espanto, pensemos también si hemos de decir las cosas que no dijimos, para una sociedad nueva, una sociedad del futuro, una sociedad en la que no sabemos hasta donde alcanzará el ser humano.

A la salida de este largo y angosto túnel, en que han quedado para siempre muchísimas personas, desde un dolor insondable, los que vean la luz se acompañarán de desvelos, de duelos, de sufrimiento, de lucha por la vida que fue y por la que se quisiera fuese. Habrá como siempre mucha cooperación, pero también mucha competencia, mucha generosidad y mucho egoísmo, y versiones interesadas, ideologizadas de lo que aconteció y de lo por realizar, como siempre también manipulación de quienes buscan argumentar de forma eficaz, más allá de argumentar bien. Y es que se nos educa poco en el pensamiento crítico.

Javier Urra

Dr. en Psicología y Dr. en Ciencias de la Salud

Académico de Número de la Academia de Psicología de España

Javier Urra

Primer Defensor del Menor

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