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Los niños y niñas también son personas: sobre mascarillas, patios y lo que los rodea

Por Javier Padilla y Tania Sánchez
martes 26 de octubre de 2021, 19:38h

El viernes se cerró la semana lectiva con un caos general en los centros educativos madrileños, la Presidenta había anunciado el jueves la retirada de mascarillas en los patios el siguiente lunes, minutos después su consejero matizaba que siempre que se mantenga la distancia de seguridad, horas después el gobierno de España afirmaba que tal decisión no correspondía a una comunidad autónoma. Al día siguiente colectivos de profesores mostraban su preocupación, seguro que compartida con algunas familias, ante los riesgos de tal decisión en una población aún no vacunada, y aseguraban la imposibilidad de mantener la distancia de metro y medio, y por tanto, la retirada de las mascarillas en exteriores.

La confusión de mensajes no ha sido resuelta por autoridad alguna, y pasamos a noticias de más actualidad: el sábado se recuperaba el aforo del 100% en el interior de locales de hostelería y otros centros y actividades de ocio.

No deja de ser un enorme contraste que a nadie le preocupe quién va a garantizar que, cuando procedamos a retirarnos la mascarilla para el consumo, mantengamos la distancia de seguridad. Nadie se ha preguntado quién controla que el ocio de los adultos sea seguro, pero todo el mundo da por hecho que los niños son incapaces de cumplir las normas, por lo que se les mantiene con las mascarillas en espacios abiertos, a pesar de que sí se ha asumido como normal correr otros riesgos con respecto al único grupo de población que aún no se le ha ofrecido vacuna.

Desde la vuelta a los centros educativos en el curso escolar 2020-2021, la única medida de seguridad que se relajó fue, casualmente, la única que había mostrado un impacto positivo en la calidad educativa: las ratios de alumnos por clase. Las demás (mascarilla en las aulas, grupos burbujas, segmentación de patios, mascarilla en exteriores, limitación de entrada de madres y padres al interior de centros educativos,...) se han ido manteniendo mientras el resto de la sociedad avanzaba, incluso antes de la instauración de la vacunación, hacia la relajación de las medidas de seguridad.

La situación actual muestra incoherencia en el cumplimiento de dichas medidas; una incoherencia, además, que no es aleatoria, sino sistemática: muchas de ellas solo se cumplen allí donde hay alguien que vigila su cumplimiento. Los centros educativos son un ejemplo de ello. Mientras en los parques y terrazas la mascarilla ha pasado a ser un elemento cada vez más difícil de atisbar, en los patios de los colegios los niños y niñas mayores de 6 años tienen que seguir llevándola. Todo ello en un contexto epidemiológico muy favorable y con la posibilidad de mantener (y reforzar su cumplimiento y adecuación) las mascarillas allí donde más necesarias son: el interior de las aulas.

La mascarilla en los patios es obligatoria no porque no lo sea en otros entornos al aire libre sin distancia de seguridad, sino porque allí podemos hacer que se cumpla, mientras que en otros sitios no. Esto debería hacernos pensar en la frecuente inconsistencia de la norma y la dudosa utilidad de una medida que solo se cumple unas horas al día pero no en las demás situaciones similares; sin embargo, paradójicamente, esto no es siempre así y la capacidad de controlar una medida parece legitimar su existencia, aunque no sea efectiva, pertinente o incluso sea perjudicial según algunas visiones.

Entonces, ¿por qué pensar que es un buen momento para pensar en retirar las mascarillas en los patios de los colegios? Lo primero es que, como ya sabemos, los exteriores son lugares donde la probabilidad de contagio disminuye de forma dramática; lo segundo es que esa retirada de mascarilla en entornos exteriores sin preservación de la distancia de 1.5 metros ya se produce en entornos fuera del colegio de forma habitual; el tercer aspecto es que eliminar el rosario de restricciones menos relevantes debería ser una oportunidad para centrarse en las medidas de seguridad fundamentales; ¿por qué oponerse a retirar la mascarilla en exteriores cuando podemos centrarnos en que las administraciones aseguren el recambio diario de mascarilla en todo el alumnado o en garantizar que se facilita la ventilación de espacios que no pueden ventilarse de manera natural?; por último, con baja incidencia, vacunación de los adultos y persistencia de medidas en entornos cerrados, ni siquiera la no vacunación de la población menor de 12 años debería de ser un factor de oposición a esta retirada de la mascarilla, máxime cuando no sabemos si la vacunación infantil llegará o no, cuándo será ni con qué coberturas poblacionales.

De la misma manera que se cumplen aquellas medidas que tienen quién supervise su cumplimiento, en muchas ocasiones se dirige la mirada en el mantenimiento de medidas frente a las que posicionarse es sencillo, aunque su impacto sea marginal. El profesorado necesita medidas de seguridad acordes al momento epidemiológico y de efectividad real, pero eso no puede entrar en conflicto con la necesidad de atenuar medidas de controvertida efectividad y para las cuales parece haber llegado el momento de su retirada.

Como tantas veces en los últimos meses, de lo que estamos hablando es de salud pública, y esta tiene como una de sus misiones fundamentales el cuidado de las personas en una situación de mayor vulnerabilidad. Los niños y niñas son, a este respecto, sujetos de derecho y no pueden quedar siempre al final de la relajación de todas las medidas. Si los niños y niñas fueran empresarios o tuvieran un lobby definido, gran parte de la historia ocurrida con ellos en los últimos 18 meses sería distinta. Los niños y niñas han sido los primeros en recibir la imposición de medidas y los últimos en divisar su relajación o levantamiento, y esta no es una postura basada en la ciencia o el empirismo, sino el resultado de unas dinámicas sociales y políticas que relegan sistemáticamente al último lugar a todo aquello que tiene que ver con la infancia. Es adecuado, seguro, pertinente y proporcional retirar las mascarillas de los patios de las escuelas; en términos de transmisión de COVID-19 y en términos de liberar a los niños y niñas de medidas que en el momento actual pueden ser más perjudiciales que beneficiosas.

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