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Hablando en serio

martes 05 de noviembre de 2019, 16:50h

La política sin buenas ideas es aburrida, frívola y desafortunada. La política sin ideas resulta peligrosa, mezquina e injusta. Vivimos tiempos en los que cualquier propuesta progresista, aunque esta represente tan sólo un simple peldaño que nos eleve unos centímetros de la realidad, ya provoca vértigo entre aquellos que ocupan, paradójicamente, las ramas más altas del árbol social.

Queda mucho por hacer. Además, hay tantas cosas que recuperar y defender, porque el pensamiento neoliberal ya no tiene miedo a sus enemigos y avanza paso a paso, sin prisa pero sin pausa. Desde la caída del muro de Berlín en 1989, el gran adversario (ese comunismo invasivo y gris, reverso tenebroso de la fuerza capitalista) dejó de asustar a aquellos que ven el mundo acomodados en la cúspide de la pirámide económica.

Los últimos 30 años han supuesto un paulatino deterioro teórico del Estado del bienestar. El modelo que ha ido introduciéndose a codazos en Europa se va acercando más y más al patrón estadounidense. Se pasó de desconfiar de lo público a proclamar su ineficiencia. A día de hoy la sanidad y la enseñanza son escenarios codiciados por el business. La equidad y la solidaridad en el suministro de energía eléctrica, permítanme el ejemplo, han sido devoradas por manadas de hienas empresariales. Debilitar aquello que nos une conduce sin remisión a fortalecer lo que nos separa.

La izquierda de hoy, pero sobre todo la de mañana, necesita, en primer lugar, desprenderse de mucha bisutería. No se pueden construir narraciones coherentes hinchando hasta la deformidad párrafos concretos. Necesitamos un índice de prioridades y congruencias más allá de retales y ocurrencias. El discurso progresista no puede reducirse a una coplilla de octosílabos rimando los pares. El folclore político da lugar a distorsiones como VOX. La izquierda no puede permitirse ni monstruos ni caricaturas.

Los problemas a los que nos debemos enfrentar son graves y necesitan de unas respuestas profundas. Los virus más letales son imperceptibles. La izquierda tiene que hacer ejercicio en la calle, con los trabajadores, ofreciendo soluciones articuladas a las necesidades, no a las ficciones. ¿Hablaba de prioridades? Una de ellas, para el PSOE, es devolverles a los trabajadores unos niveles de seguridad y dignidad laboral que les fueron robados con la reforma legal del PP usando la maña del carterista. ¿Una congruencia? Permítanme acabar con una recomendación de Ignacio de Loloya: “Quien no vive como piensa, acaba pensando como vive”. Todo lo demás es fanfarria o rebuzno.

Mar Espinar

Concejala socialista en el Ayuntamiento de Madrid

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