Desde que la pandemia ‘zombie’ del fentanilo, presente, sobre todo, en grandes urbes estadounidenses como Filadelfia -donde ya es la principal causa de muerte por sobredosis- comenzase a correr como la pólvora a través de vídeos en Internet, muchos han sido los medios de comunicación y creadores de contenido interesados en retratar la peligrosidad de este opioide empleado tradicionalmente como remedio para el dolor y, desde hace algunos años, convertido en droga de uso recreativo. También en trasladar este apocalíptico escenario a la realidad española y, en concreto, a la madrileña, como capital y vanguardia del país. Pese a la alarma mediática generada en torno a los primeros casos registrados, administraciones públicas, profesionales sanitarios y asociaciones ligadas de una u otra forma a las drogodependencias hacen un llamamiento a la calma: “Aquí nadie quiere colocarse con fentanilo”.
De acuerdo con lo expuesto por el Ministerio de Sanidad, el consumo de fentanilo en España se reduce, al menos hasta la fecha, al sector sanitario. En concreto, como remedio para el dolor y, principalmente, en el ámbito oncológico. Siempre, insisten, bajo estricta supervisión médica. A fin de evitar un uso indiscriminado que pueda conducir a una futura adicción, la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) estudia con detenimiento su receta. Además, en colaboración con las comunidades autónomas, se trabaja ya en el desarrollo de un plan específico de opiáceos encaminado a optimizar su prescripción. Asimismo, el Ministerio del Interior no ha detectado un "volumen relevante" en el tráfico de fentanilo.
"No hay un tráfico relevante de fentanilo"
Tal afirmación concuerda, al menos en cierta medida, con lo recogido en la última memoria pública del Plan Nacional sobre Drogas, que data del año 2021, y donde la palabra “fentanilo” aparece de forma explícita en solo dos ocasiones. La primera, vinculada a las estadísticas de ingreso en Urgencias hospitalarias fruto del consumo de opioides. Tales sustancias, apunta el informe, representan un 14,3 por ciento del total de los servicios prestados por ingesta de estupefacientes. De dicho porcentaje habría además que desligar los que se producen por heroína, un 6,7 por ciento, y los que se producen por otras sustancias como metadona, tramadol, morfina o, por fin, fentanilo, un 8,9 por ciento. La segunda, referida a la labor de la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE), organismo encargado de velar por “el cumplimiento de los tratados internacionales de control de estupefacientes, sustancias psicotrópicas y precursores”. En concreto, este apartado reconoce un “aumento de la mortalidad por sobredosis de fentanilo” a escala mundial.
Aterrizando ya a en el ámbito madrileño y en la misma línea de lo expuesto desde la cartera de Sanidad, desde los Centros de Atención a las Adicciones del Ayuntamiento de Madrid, organismos dependientes de Madrid Salud, aseguran no haber atendido ningún caso por el momento: “Ni siquiera hemos tenido contacto con esa sustancia”. Fuentes de las Urgencias en los hospitales 12 de Octubre y La Paz, ambos con sede en la capital, así lo ratifican. Al ser cuestionados por posibles casos de intoxicación por fentanilo y pese al alto riesgo de sobredosis que acarrera su consumo, trabajadores del servicio niegan haber tratado caso alguno en los últimos meses: “No me consta. Lo cual no quiere decir que no haya podido haber alguno. Pero supongo que, si es así, resulta poco frecuente”.

Idéntica conclusión es la que alcanzan en Proyecto Hombre Madrid, la asociación puntera en materia de tratamiento y rehabilitación de las drogodependencias en la región: “Lo que está ocurriendo es que se está hablando mucho del fentanilo. Quizás demasiado. Es lógico que nos asustemos y sea noticia, pero la realidad es que no ha habido un aumento significativo de problemas o de demandas de tratamiento con opioides en Madrid. Aquí la gente no se quiere colocar con fentanilo. Aparecen casos puntuales, pero nada que ver con Estados Unidos, donde ha alcanzado un nivel epidémico. Esto no quiere decir que no vaya a pasar en el futuro. No tenemos una bola de cristal para saberlo. Pero a día de hoy no se dan los condicionantes para que ocurra”.
"Se habla demasiado del fentanilo"
En la diferencia de modelo entre el sistema sanitario norteamericano y el español -por ende, también el madrileño- se encuentra la clave. A un lado, el origen del boom norteamericano, enmarcado en la “sobreprescripción médica” de oxicodona, un opioide es empleado en el tratamiento del dolor bajo el pretexto de su escaso potencial adictivo. La realidad, matizan los técnicos de Proyecto Hombre, es bien diferente: “Tras tres, seis o doce meses de tratamiento, la oxicodona termina por generar adicción, incluso entre personas completamente ajenas al mundo de las drogas. Una vez se les retiraba el tratamiento, estas acudían al mercado negro. En primera instancia para conseguir heroína y después a por fentanilo, que es más barato”. Al otro, los altos niveles de automedicación y la escasez de redes de asistencia a drogodependientes, mucho más desarrolladas al otro lado del Atlántico, en sistemas de salud públicos y universales. En menor medida, puntualizan, también influye la animadversión generada en nuestro país hacia sustancias como la heroína fruto de sus “efectos devastadores” en los años 80 y 90.
Radiografía del consumo en Madrid
Contra el ruido mediático generado en torno al consumo de nuevas drogas, los datos recogidos en encuestas como EDADES o ESTUDES reflejan una realidad bien distinta. “No hay demasiadas novedades ni en cuanto a la aparición de nuevas drogas ni en cuanto a los hábitos de consumo. Todo se mantiene bastante estable (...). Genera mucho revuelo cuando aparece algo nuevo, pero es excepcional. Los principales problemas vienen de la mano de las sustancias más clásicas”, ratifican en Proyecto Hombre. El alcohol continúa siendo la droga más consumida entre los menores de 14 a 18 años, a pesar de que su distribución sea ilegal en esta franja de edad. En segundo lugar figura el tabaco. En cuanto al cannabis, preocupa el incremento en su “consumo problemático” o habitual, mientras el esporádico ha disminuido en los últimos tiempos. En suma, uno de cada tres adolescentes reconoce haber probado los “porros”. Ya en adultos, la cocaína y el éxtasis siguen siendo las sustancias de referencia.
En el apartado de nuevas drogas destaca el tusi, también conocido como cocaína rosa, una mezcla entre cafeína, ketamina y éxtasis que, por su color rosa -derivado del uso de colorante- se ha “puesto de moda”. También, aunque en menor medida, la mecedrona, una sustancia estimulante con efectos similares a los de la cocaína. El consumo de tusi y mecedrona, en cualquier caso, continúa "lejos" de los parámetros registrados en las drogas más tradicionales.
"La droga destroza personas y familias"
Este escenario ha provocado que el Ayuntamiento de Madrid haya optado por mover ficha y declarar la guerra a las drogas. Para hacer frente al “trapicheo”, la administración capitalina pone el foco en la labor de la Policía Municipal, encargada de velar por la seguridad en la ciudad. En una segunda fase, es turno del Instituto de Adicciones, dependiente de Madrid Salud y centrado en el tratamiento de los drogodependientes. En palabras de la vicealcadesa y delegada de Seguridad y Emergencias, Inmaculada Sanz, "vamos a combatir las drogas con todos los recursos a nuestro alcance" porque “destroza personas y familias”.
