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Espiritualidad y juventud

Espiritualidad y juventud

miércoles 15 de noviembre de 2006, 00:00h

Dijo Voltaire “Si Dios no existiera, sería necesario inventarlo”.

El niño, el joven, hará bien en formularse preguntas trascendentes. Esas repetitivas cuestiones de ¿qué hago yo en el mundo? ¿para qué sirve mi vida? ¿qué he de hacer en el hoy y en el mañana?

En Europa la religión (el pensamiento y la práctica religiosas) pareciera estar desapareciendo, existe un gran vacío espiritual, se aprecia una impresionante ruptura de la transmisión religiosa en el seno de la familia y desde luego no se ha encontrado nada que sustituya esta carencia, ningún código ético si éste puede suplir a aquél. Quizás y sin darnos cuenta estamos avanzando hacia una religión de la ciencia.

La técnica, los avances nos aproximan respuestas, pero no nos formulan preguntas que son humanamente vitales. El niño ha de saber que al final existe la muerte, que nacer y vivir tienen un gran componente de azar y sin embargo, en sus brazos está el llevar su propia vida. Habrá que contarle que quizás esté nominado para la eternidad.

Hay quien sueña, que la muerte es una vuelta al útero.

El ser humano, siempre se preguntará sobre ese “agujero negro” de donde viene –prenatal- y al que va –postnatal-.

Hay que transmitir una fundada sospecha de la perduración de las cosas, algo con lo que convivimos, pues cuando se nos mueren los nuestros, anticipamos nuestra propia muerte.

Hay que domar el sentido de la vida, incluyendo un componente vital, como es la espiritualidad y es que en muchas existencias humanas se detecta el brote o la revolución mística.

En todo caso el hombre debe transcender de sus limitaciones y miserias, debe dar un sentido longitudinal pero también vertical a su «nacer, crecer, desarrollarse, reproducirse y morir».

Para conocer las posibilidades del ser humano, es fundamental la mística.

Una opción personal es la de formar parte de una religión, recordando lo que dijo Mahatma Gandhi en sus cartas del ashram «las religiones son como caminos distintos que convergen en un mismo punto. Qué importa que sigamos itinerarios distintos, si llegamos a una misma meta».

El teólogo Hans Küng, considera que es posible construir una ética global, basada en unos valores comunes compartidos por todas las religiones e ideologías. Por toda la humanidad en suma.

Hemos de enseñar a los hijos que en el mundo hay personas que creen, que tienen fé y otras que no. Que en el mundo hay distintas Religiones (no confundir con sectas) que tienen como denominador común, el hacer el bien, el perfeccionarse, en creer en la vida después de la vida y en que el Universo ha sido creado por un ser superior.

No hemos de intentar demostrar que nuestra religión es la mejor, la única verdadera.

Deberemos acrecentar el respeto a quien profesa una creencia.

Haremos bien en enseñar los principios fundamentales de la Religión, en incentivar el sentido de trascendencia y en el caso de ser practicantes hacerlo con coherencia y tolerancia.

Se trata de mostrar, no de imponer. De explicar las propias creencias. De no ir contra la convicciones (¿para qué matricular a un niño en un colegio religioso si no se cree?). Y en caso de hacerlo, los padres han de ser consecuentes con su libre elección.

Transmitir la fé si se posee, pero permitir la duda, la sana crítica.

El día de mañana el hoy niño optará , pero a corta edad bueno resultará darle la opción de conocer y desarrollar algo tan esencial para el ser humano, más allá de su componente cultural, artístico e histórico.

Javier Urra

Primer Defensor del Menor

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