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El oído del Canal

El oído del Canal

Por Carmen M. Gutiérrez
domingo 11 de mayo de 2008, 00:00h
Para evitar pérdidas de agua en las conducciones, el Canal de Isabel II barre la Comunidad con acuófonos, unos aparatos capaces de detectar fugas a través del sonido que producen. Son 660 veces más potentes que el oído humano.
Roberto Givica busca una fuga con el acuófonoRoberto Givica es todo un experto en la detección de fugas de agua. Lleva 14 años dedicado a dar con el punto exacto de la rotura de la tubería y confía en su oído para localizarlas. Eso sí, ayudado por un acuófono, que aumenta y filtra los sonidos para facilitar la búsqueda.

Trabaja para el Canal de Isabel II, institución que gestiona el agua de la Comunidad y de la que dependen los embalses y la red de distribución. Para evitar pérdidas innecesarias, tiene una campaña de detección de fugas que inspecciona toda la región, sobre todo aquellas zonas donde las canalizaciones son más antiguas.

El acuófono amplía el sonido 660 veces En otras zonas la conservación de las tuberías es mejor, ya sea porque su instalación es más reciente o porque se han sustituido por otras gracias a la campaña del Canal para renovar la red, que invierte 30 millones de euros al año. Paralelamente, también hay actuaciones específicas en las grandes arterías de canalización de agua.

El objetivo es reducir las fugas, que en Madrid provocan la pérdida de alrededor de un 12 por ciento del agua disponible. Un gasto que el Canal se ha propuesto reducir al máximo, aunque ya es la comunidad que menos desperdicia. La media nacional, según datos del Instituto Nacional de Estadística, está en el 20 por ciento.

Un ordenador calcula dónde puede estar la fuga "Prevenir es la mejor manera de reducir el gasto innecesario de agua", asegura Alberto Segovia, Ayudante de la División de la Casa de Campo. Una de las seis en las que el Canal divide la región para trabajar. En esta área está el distrito de Villaverde donde un equipo de detección de fugas explica a Madridiario cómo trabaja.

Al frente está Roberto Givica, equipado con uno de los instrumentos del acuófono. Se trata de una larga barra metálica que amplifica los sonidos -hasta el punto de que detecta cómo se le acerca una mano- y permite oírlos a través de unos auriculares. Con este aparato se inicia la búsqueda de fugas en la calle de Emilia Ballester. El operario lo acerca a las válvulas de las tuberías que se encuentran bajo las tapas de las alcantarillas.

Los operarios comprueban si la fuga está dentro de un edificio A la primera detecta un ruido que podría delatar que efectivamente hay una fuga en la zona. "No es habitual encontrar muchas fugas" advierten los técnicos, pero en esta ocasión ya están sobre la pista. Ahora, se trata de "acorrarlarla", es decir, cercar el ruido hasta dar con la avería.

Así, se busca bajo las tapas de las alcantarillas a derecha e izquierda y, en esta ocasión, se descarta que la fuga se encuentre en estas direcciones, por lo que se empieza a investigar unos metros hacia arriba en la calle de Emilia Ballester. Se sigue oyendo el ruido, por lo que Givica lo tiene claro: la fuga está entre los dos puntos de la calle donde se han detectado ruidos.

Las tomas de ruido se hacen en las alcantarillas Para buscar con más exactitud el punto de la fuga, se utiliza un ordenador conectado al amplificador de sonido que calcula el lugar donde podría estar al introducir datos como el material y el diámetro de la tubería o la distancia existente entre las diferentes tomas de sonido. 

Finalmente, para ser más exactos y que la zanja que tendrán que abrir los operarios que la reparen sea del menor tamaño posible, Givica comienza a usar otro acuófono -heredero de los vasos comunicantes con los que se explica a los niños el funcionamiento del sonido- que permite escuchar los ruidos del subsuelo sobre el asfalto. La fuga se sitúa a la altura del número 14 en el centro de la calle, donde una 'w' pintada en el suelo servirá para que la brigada de reparación sepa dónde actuar.

Bajo la marca está la fugaNo hay dos fugas iguales
De sus años de experiencia, Givica afirma que ha aprendido que nunca hay dos fugas iguales, ni siquiera suenan de la misma forma. Para distinguir el agua del resto de ruidos de una gran ciudad como Madrid, los acuófonos tienen filtros, pero aún así es necesario "educar el oído".

En algunas calles muy concurridas los decibelios se disparan, por lo que es necesario trabajar de noche o incluso cortarla al tráfico, con la ayuda de la Policía Municipal. "En alguna ocasión los vecinos han pensado que buscábamos una bomba al ver las sirenas y nuestros aparatos", cuenta el operario, quien también asegura que "lo peor es cuando hay una fuga visible de agua y la rotura no suena porque está lejos".
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