La Fura dels Baus cerró con un excepcional montaje la catarata de espectáculos que conformaron el programa cultural municipal '6Goyas6' que conmemoraba el Bicentenario del Dos de Mayo.
Viernes 2 de mayo. Bicentenario. Madrid se levantó con ganas de ver cómo los personajes y sentimientos transmitidos en los cuadros de Goya se salían de sus lienzos. Los ciudadanos quisieron ser actores y jueces de los espectáculos que había organizado el Área de Las Artes del Ayuntamiento de Madrid con el título '6Goyas6'. Seis espectáculos que tuvieron distinta suerte a la hora de reflejar los momentos históricos que se conmemoraban.

10 de la mañana junto a la catedral de La Almudena. La última generación de madrileños formaban el lienzo de la contienda. Varios escolares de entre 11 y 14 años conformaron con las piezas de un puzzle gigante el cuadro de 'Los fusilamientos del 3 de mayo'. Nerviosos, los jóvenes marcaron el paso de las celebraciones. La multiculturalidad española e internacional y la idea de unión quedó demostrada con la intervención de chavales de muchos países y zonas de España. Cabe destacar la intervención de los tamboriles catalanes del Bruch.
A mediodía continuaba la frenética marcha goyesca con una fábula titulada "
Los amores y desamores de la maja y la bestia, con permiso de Manolita Malasaña". El centro se había convertido en lo que era en el pasado y en lo que se desea que sea en el futuro: un territorio casi totalmente peatonal.
La maja, la bestia y la heroína
Los viandantes se fueron arremolinando en la plaza del Dos de Mayo, el mismo lugar donde se vivió el enfrentamiento más crudo de esta efemérides, para contemplar la obra. Dirigida por la coreógrafa Sol Picó, recreaba las andanzas de estos personajes históricos y/o míticos. Gigantes y marionetas interpretaron el cuento al que puso voz la actriz Blanca Portillo siguiendo las melodías de la Banda Primitiva de Alcoy.
La fiesta y el espectáculo no paraban ahí. En la plaza de la Villa, 300 músicos aderezaron una tarde en la que las avalanchas de gente tomaron las calles de Madrid. Bandas de la capital, Toledo, Alcoy y Vinaroz crearon una suerte de batallón de músicos que, como el pueblo madrileño que se levantó en armas el 2 de mayo de 1808, tomaron al asalto la calle Mayor para librar un gran "combate musical" con las tropas francesas. Tal fue la afluencia de personas al evento que el tapón de las calles anexas impedía moverse a los viandantes.
Mamelucos y 'steam-punk'
A la espera del batallón musical de la plaza de la Villa,
se trató de plasmar 'La carga de los mamelucos'. Venía uno de los momentos cumbre de la jornada. La voz del actor Juan Echanove se levantó sobre el rumor de la atestada plaza Mayor. Sin embargo, miles de personas esperaban un choque de culturas enérgico y popular y se encontraron con un espectáculo muy bien elaborado y ejecutado pero que, quizás, demasiado abstracto para poder captar la rabia que expresaba Goya en su lienzo.

La gente no comprendió qué tenía que ver la mezcla artística de la música egipcia de 'Les Musiciens du Nile' (que evocaban a los mamelucos), las cabriolas de los caballos de Menorca y el espectáculo 'steam-punk' de la compañía 'La Machine' con el levantamiento y sus causas. De hecho, se quejaban porque no entendían nada. Finalmente, aparecieron los músicos y hubo un choque musical que terminó en la interpretación de una única partitura que trató de enmendar el cuadro general que tenía como fondo una reproducción gigantesca del pintor aragonés.
Retrato psicológico y social
Sin embargo, la fiesta no decayó. Llegaron las 21.30 horas y llegó el punto álgido del festejo. La Fura dels Baus
recreó los fusilamientos del 3 de mayo con un montaje realizado ex-profeso para la ocasión en la plaza de Cibeles.

Miles de personas atestaron la plaza, el paseo de Recoletos y la calle Alcalá. El maestro de ceremonias y narrador fue el actor y escritor José María Pou. La compañía utilizó el fuego, el viento, las luces, el sonido y otros muchos recursos para transmitir al público el entorno social, político y psicológico que se vivió hace doscientos años en una ciudad invadida como fue Madrid.
Racimos de personas se elevaron al cielo y fueron 'fusilados' con cargas de petardos que tiñeron de ríos de sangre (proyectada como una película) las paredes del palacio de Cibeles. La interacción con el público fue máxima y el espectáculo mantuvo un ritmo frenético que no permitió que los asistentes respirar un solo momento.

La maravillosa interpretación concluyó con una cerrada ovación para los artistas. Fue el broche de oro para una conmemoración que, con sus luces y sus sombras (sobre todo en cuanto a contiendas políticas se refiere), elevó el recuerdo de lo que fue y lo que provocó el levantamiento del Dos de Mayo.