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El voluntariado no entiende de edad en Parla

El voluntariado no entiende de edad en Parla

Un grupo de abuelos voluntarios de Parla llevan las tradiciones a los colegios

jueves 17 de abril de 2008, 00:00h
Para ser voluntario no importa la edad. Tan sólo hay que tener ganas e ilusión por ayudar a los demás. Por eso, una treintena de jubilados de Parla forman parte del grupo de abuelos voluntarios intergeneracional. Su objetivo principal es fomentar la relación entre diferentes generaciones.
En la era de los ordenadores, de las videoconsolas y de las nuevas tecnologías, los niños de Parla están aprendiendo a jugar de manera tradicional. Y la "culpa" de ello la tienen los abuelos voluntarios del grupo intergeneracional; un grupo de jubilados, que, ataviados con una camiseta, una gorra y una mochila amarilla, se dedica a llevar las tradiciones a los colegios de la localidad.

Y es que la labor principal de estos abuelos voluntarios es transmitir los valores y actividades tradicionales para que no caigan en el olvido. Como explica la concejala de Mayores de Parla, Mercedes González, "es una manera de fomentar la relación entre las generaciones de niños y abuelos y a la vez, se transmite las tradiciones a los pequeños y se consigue que los mayores se sientan útiles".

"Me metí en el grupo porque quería sentirme útil y explicar cosas a los niños. Algunos creen que la leche nace en el mercado. Además, no sólo los pequeños aprenden, nosotros también aprendemos de ellos", recuerda uno de los abuelos voluntarios, recuerda Felipe Mayordomo.

Otros en cambio, llegan al grupo por recomendación del servicio de salud mental. "Vienen porque tienen depresión y al empezar a hacer las actividades se les quita, porque esto les hace estar activos", afirma la concejala.

El grupo comenzó a andar en 1992. Francisca Pintor es una de las veteranas de este grupo, junto con Aniceto Herranz, Pilar Bellón y Juana Álvarez. "Empecé en el año 92, cuando el grupo acababa de formarse. Al principio sólo íbamos a algunos colegios de vez en cuando a llevar los juegos antiguos a los más pequeños", dice Francisca.

Gracias a estos abuelos, juegos como la rana, la comba, el relevo de globos, la petanca o el bagamo vuelven a estar de moda. Y es que como dice la edil, "muchos niños desconocían estos juegos".

Pero, los mayores no sólo enseñan a jugar de manera tradicional a los pequeños, sino que también realizan otras actividades como charlas, talleres y cuentacuentos. En los talleres se les enseña cómo se hace el queso, la mantequilla o las colonias, cómo se teñían los tejidos o cómo se pueden hacer juguetes con materiales reciclados.

 "A los chiquillos de 9 y 10 años les contamos cómo era nuestra vida a su edad. Les parece muy curioso cuando les decimos que no teníamos luz ni agua corriente, que nos alumbrábamos con un candil", asegura Pilar Bellón.

"Y para los más pequeños, -cuenta José Carlos Sánchez, otro de los voluntarios- representamos cuentos, que es lo que más les gusta, como el de 'Los músicos de Bremen, que es uno de que ensayamos los viernes".

Pero también, llevan a los colegios cosas antiguas, como planchas, cencerros, monedas y billetes fuera de curso o candiles, para que los niños vean cómo eran, "porque les suele gustar mucho lo antiguo", afirman Agustín Boix y Conchi Martínez.

En la actualidad, el grupo de abuelos voluntarios lo componen una treintena de jubilados de entre 60 y 79 años. Todos los viernes durante dos horas, se reúnen en el Centro Dulce Chacón para preparar lo que van a hacer en los colegios que solicitan su presencia. Y es que cada vez son más los centros educativos que requieren sus servicios. Sus actividades están dirigidas a menores de entre 3 y 12 años.
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