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Rajoy elige a Soraya y soslaya la democracia

Rajoy elige a Soraya y soslaya la democracia

miércoles 02 de abril de 2008, 00:00h
El PP, que no ha ganado los comicios del 9 de marzo aunque sí ha obtenido más votos y diputados que hace cuatro años, ha dejado su futuro en manos de su máximo líder, Mariano Rajoy, quien, además de anunciar que ‘yo sigo’, ha mantenido en vilo a todos los dirigentes de su Comité Ejecutivo, y a los más de 700.000 afiliados, antes de hacer público el nombre de Soraya Sáenz de Santamaría como portavoz en el Congreso de los Diputados.

Desde el día que anunció que aspira a repetir como candidato popular en las elecciones de 2012 y que pretende ser el próximo presidente del Gobierno de España, he seguido con detenimiento lo que se ha dicho y escrito sobre esta determinación de Rajoy y he llegado a la conclusión de que los periódicos, radios y teles se han decantado con claridad sobre qué posibilidad es mejor para el PP y han movido fichas para que su posición como medio de presión fuese la que saliese adelante.

También he estado atento a lo que estos mismos medios de comunicación expresaban respecto a la persona que habría de sustituir a Eduardo Zaplana. Había muchos nombres sobre la mesa y algunos plumillas y tertulianos veían en cada uno de ellos una orientación cercana a José María Aznar, Esperanza Aguirre o Alberto Ruiz-Gallardón.

Además de la elección digital de Soraya, con la que Rajoy soslayó las prácticas democráticas, se puso fecha al próximo congreso que se celebrará en Valencia, interpretado por los sabios de la adivinación no como un síntoma claro de la enfermedad conocida como dedocracia sino del peso que en el futuro tendrá en el PP esta comunidad y, por supuesto, su presidente regional, Francisco Camps, del que no sabemos todavía si es más de Gallardón que de Aguirre, o quizá más de Rodrigo Rato que de Manuel Fraga. Según se va liando más la madeja de los hilos del PP, más entramos en análisis mágicos de la política y más nos alejamos de lo que dice la Constitución sobre el funcionamiento de los políticos.

En su artículo 6 se habla de que su estructura interna y su funcionamiento “deberían ser democráticos”, por lo que dejar todo en manos de un solo señor, por muy listo y decente que pueda parecer, es pasarse este precepto por el forro del ovillo. Después de leer y escuchar a los adivinadores que dejan sus sentencias en los distintos medios de comunicación todavía no he percibido nada que se parezca a una crítica, aunque tibia, sobre la capacidad de Rajoy, en este caso, de pasar por alto, soslayar o obviar las prácticas democráticas a la hora de la elección de los dirigentes de su partido.

Eso no parece importar nada, dicen algunas voces, porque si hoy se le pide al PP que siga las reglas de la Santa Carta Magna, mañana habremos de exigir el mismo comportamiento al PSOE, y entonces atacando al partido amigo se puede beneficiar al contrario. ¡Qué gilipollez tan extendida entre políticos y plumillas! Ahora que unos se contentan por el triunfo del PSOE y otros por el ascenso del PP, no estaría de más plantearse una reforma constitucional que equipare en derechos a los militantes y a los ciudadanos votantes en cualquier elección nacional, local o autonómica.

 El único objetivo, garantizar de verdad que los que se apuntan a una formación política pueden decidir con su voto, en urna, el nombre de su presidente nacional, el de su candidato a presidir una comunidad autónoma o un ayuntamiento. Incluso, poder presentarse a ser elegido si cumple con las normas para aspirar, incluso, a competir con Rajoy en el Congreso de Valencia. Esperanza Aguirre respondió con una larga sonrisa que a mí me provocó carcajadas cuando le preguntaron si es un suicidio político presentarse después de conocer que Rajoy, el del dedo largo y sensible, dijera que quiere repetir como número 1 del PP. La mandataria madrileña añadió a sus muecas risueñas las siguientes palabras: “Allá cada uno”. Parecía que quería advertir, como buena liberal, que la muerte política de cada uno es de libre elección, como los nombramientos de Rajoy, el que soslaya cuando nombra a Soraya los principios democráticos.
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