Si la bomba de la T-4 fue un desastre, el comunicado de ETA diciendo que continúa la tregua es un espanto. De modo y manera que colocan setencientos kilos de dinamita, se llevan a dos personas por delante y visten a varias familias de luto y tenemos que considerar que ha sido un daño colateral. Es para fiarse de estos tipos que ahora ponen la otra furgoneta en lugar de la otra mejilla, una canallada más que no tiene nombre. Y, encima, les tenemos que creer como si fueran la voz de Yahvé clamando sobre el desierto. Como diría un castizo: ¡que les den pomada!
Ante semejante canallada caben dos actitudes: el pasmo o la indignación. Me apunto a la segunda teoría, que sepan que la furgoneta les ha estallado a ellos en pleno proceso de diálogo.
Obvio es que todos los españoles buscamos la paz y que en gran medida Madrid la desea con mayor fuerza. Hora es para que dejen de emitir comunicados y planteen la rendición que será buena para todos, no sé si tanto para ellos porque se les acaba el negocio de la trilita. No olvidemos que la muerte (que para todos es una desgracia) para estos golfos es una forma de vida. Quizá el problema es que no saben reciclarse en personas normales, se han criado en la política de la extorsión.
Una ETA que pone bombas y otra ETA que pide paz significa que la serpiente tiene dos cabezas, por lo tanto es más peligrosa que nunca. Ojalá llegué la paz pronto y podamos archivar los años de plomo; lo que no puede la banda criminal es pretender que hagamos como que los dos ecuatorianos muertos en la T4 fueron un accidente laboral. Nada de esto fue un error, amigos.
Ojalá el Gobierno no afloje y acabe con los asesinos y den con los que pusieron la furgoneta cargada de muerte, y den también con el cínico que redacta estas notas de falsa esperanza. Nos va la vida en ello.
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