El ritual de las campanadas es bien conocido: tras el aviso de los cuartos, durante los últimos doce segundos de 2025 comeremos una uva por cada campanada. Pero más allá de esa tradición repetida año tras año, surge la pregunta: ¿qué ocurre dentro del reloj de la Puerta del Sol?, ¿qué mecanismos lo hacen posible y quién vela para que, justo en el instante decisivo, todo funcione a la perfección? A pocos días de la cita más esperada, nos adentramos en el interior del reloj de la mano de Jesús López Terradas, uno de los guardianes de la torre y responsable de su mantenimiento desde hace tres décadas.
“Estamos dentro del reloj”, precisa Jesús mientras señala la compleja maquinaria que nos rodea. Y no es una puntualización menor: el reloj no es solo la torre visible desde la plaza, sino también el engranaje que se oculta en su interior, un sistema formado por dos mecanismos diferenciados, el encargado de marcar las horas y el que da voz a los cuartos.
“Cada quince minutos el movimiento activa los cuartos y los cuartos, cada hora, hacen funcionar las horas. Esto es, a grandes rasgos, cómo funciona el reloj”, explica el relojero.
Hablando con Jesús sorprende descubrir que, a pesar de los años, el funcionamiento de la máquina no ha cambiado: “No hay ninguna diferencia”, asegura orgulloso. Solo algunos pasadores y la rueda de escape se han reemplazado; el resto permanece original.
Quizá la razón por la que el reloj apenas ha requerido modificaciones esté en el esmero con el que se conserva. Todas las semanas, de forma ininterrumpida, uno de los tres relojeros asciende a la torre para realizar el mantenimiento: dar cuerda a las pesas, engrasar los engranajes y comprobar que cada pieza cumple su función. No hay festivos ni periodos vacacionales que valgan; ni siquiera en Navidad o en pleno verano se deja nada al azar. Como explica el responsable, “basta con que se bloquee un minutero o falle un eje para que todo el sistema se detenga”.
"Si se atascara un minutero o algún eje se pararía todo"
Y es que ni durante las uvas los tres relojeros tienen descanso, Santiago, Pedro y Jesús reciben cada año en el interior de la torre, vigilando que las campanadas suenen al unísono: “Estamos los tres aquí y no nos tomamos ni una uva” confiesa Jesús con una sonrisa.
"Estamos los tres aquí y no nos tomamos ni una uva"
Después de tantos años al frente del cuidado del reloj, el relojero, cree que, a falta de un libro de instrucciones, su funcionamiento será transmitido a otros profesionales lo suficientemente preparados, como ha ocurrido siempre en los más antiguos gremios
Sobre la mítica bola dorada que advierte del inicio de las campanadas, Jesús aclara que se trata de una pieza independiente del reloj: “No funciona en todo el año, pero siempre antes de las campanadas se baja la bola, se limpia su eje, se engrasa y se confirma que todo va bien”, explica.
Después de hablar con Jesús nos quedamos tranquilos: cada engranaje, cada campanada está en buenas manos. Un año más, madrileños y visitantes despedirán el año alzando la vista hacia la torre más querida de la ciudad.
Origen y datos del reloj
Así, con el paso de los años, el reloj que preside la Puerta del Sol no solo marca las horas, también se ha convertido en uno de los grandes símbolos de la Nochevieja en España. Donado en 1866 por el relojero José Rodríguez Losada, la máquina vigila desde lo alto de la torre el paso el tiempo en la ciudad.
Desde entonces, sus campanadas han marcado la tradición de comer las doce uvas (una por cada deseo) al compás de cada golpe de campana a la medianoche del 31 de diciembre cada año. Curiosamente, los tres relojeros afirman que el sonido de las campanadas se escucha mejor desde la plaza que desde dentro, debido al murmullo de las piezas funcionando, mientras el potente sistema de megafonía garantiza que cada campanada llegue a todos los presentes en la plaza.
Las circunstancias climatológicas también afectan al reloj. Su precisión depende también de la temperatura en su interior: Con el calor un péndulo se dilata, ralentizando el ritmo, mientras que el uno contraído por el frío se contrae, acelerando su velocidad.
Cada detalle es crucial para asegurar que cada Nochevieja, sin percances, Madrid vuelva a convertirse en el punto neurálgico.