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Los usuarios del SAD de Atende en la Plaza de Pontejos
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Los usuarios del SAD de Atende en la Plaza de Pontejos (Foto: Mónica González Boto)

Salir, descubrir y disfrutar: cuando el Servicio de Ayuda a Domicilio abre ventanas al mundo

viernes 26 de diciembre de 2025, 08:19h
Actualizado: 05/01/2026 14:30h

Envejecer no tiene por qué ser sinónimo de aislamiento, aburrimiento o pérdida de estímulos. En Madrid, el Servicio de Ayuda a Domicilio (SAD) del Ayuntamiento, gestionado por Atende -empresa filial de Clece-, trabaja cada día para que las personas mayores sigan conectadas con su entorno, con su ciudad y, sobre todo, consigo mismas. Más allá de la prestación asistencial ligada al hogar, el servicio teje una red de acompañamiento que, a través de diversas actividades, combate la soledad no deseada, promueve el envejecimiento activo y mantiene viva la curiosidad, la socialización y el deseo de seguir aprendiendo.

Entre las iniciativas del servicio destacan las visitas culturales, concebidas no solo como salidas de ocio, sino también como auténticas herramientas de estimulación cognitiva y de mejora del estado emocional, social y mental. Pensadas para adaptarse a las capacidades de cada persona, se convierten en oportunidades para compartir, recordar, aprender y sentirse parte de la comunidad.

Turismo accesible en Nuevo Baztán

Detalle de la visita al Centro de Interpretación de Nuevo Baztán

Durante la Semana del Mayor, un grupo de usuarios del SAD participó en una visita cultural al municipio de Nuevo Baztán, un enclave histórico de la Comunidad de Madrid desconocido para muchos de ellos hasta ese momento. El viaje, acompañado por las animadoras socioculturales del servicio, se convirtió en una experiencia de descubrimiento colectivo.

“La verdad es que la visita estuvo muy bien. Es un pueblecito que yo no conocía y todo lo que estuvimos viendo me pareció muy interesante. Tiene una historia bastante bonita”, resume Francisco Javier Riojo, usuario de 63 años al que le gusta “viajar y visitar sitios nuevos” y para quien estas actividades suponen una oportunidad de seguir activo, aprendiendo y manteniendo viva la curiosidad.

“Durante todo el año visitamos Madrid ciudad, pero en la Semana del Mayor intentamos salir un poco más lejos y conocer pueblos de la Comunidad”, explica Sara López, animadora sociocultural del servicio. Manzanares el Real, Chinchón o Nuevo Baztán forman parte de un recorrido que amplía horizontes y rompe con la rutina urbana.

La visita incluyó el Centro de Interpretación, donde el grupo pudo conocer la historia del municipio y de la figura de Juan de Goyeneche, fundador de Nuevo Baztán. Pero el día reservaba una sorpresa inesperada: el rodaje de una serie de época en plena plaza del pueblo. Actores y actrices vestidos con trajes antiguos, carros de caballos y cámaras convirtieron la excursión en una experiencia aún más memorable.

“Fue una casualidad, pero resultó muy curioso. Ver el pueblo, que ya es precioso, y además encontrarse con ese ambiente de rodaje fue algo que disfrutaron muchísimo”, señala Laura Martín, otra de las animadoras.

Más allá del valor cultural, estas visitas tienen un impacto profundo en la vida cotidiana de las personas mayores. El trayecto en minibús, las conversaciones espontáneas, las risas compartidas y el simple hecho de vivir la experiencia en compañía de otras personas se convierten en elementos clave contra el aislamiento.

Todas las actividades están adaptadas a las necesidades reales de los participantes: accesos directos, vehículos adaptados, paradas frecuentes y ritmos personalizados. “Aparcamos en el centro del pueblo, damos un paseo corto, hacemos las paradas que necesitan y acabamos sentados disfrutando de la plaza”, resume Sara sobre una jornada que concluyó con un aperitivo en una terraza, sentados, sin prisas, disfrutando del entorno.

“No es una visita tan dirigida como otras actividades. Aquí tienen más libertad para hablar, para relacionarse, para socializar”, explica Sara. Ese espacio de conversación informal, sin normas estrictas ni silencios obligados, es uno de los grandes beneficios del programa.

Laura lo corrobora: “Si no fuese por este servicio, muchas de estas personas no saldrían casi de su casa y no harían estas cosas. Nos dicen que están conociendo lugares que no han visto nunca, después de toda una vida viviendo en Madrid”.

La Navidad en el corazón de Madrid

Los usuarios del SAD de Atende escriben sus mensajes de Navidad para colgar en el Árbol de los Deseos de la Plaza de Pontejos.

Otra de las salidas más esperadas del año es la visita al Belén de la Real Casa de Correos, en plena Puerta del Sol. Una tradición navideña que, para muchas personas mayores, adquiere un significado especial cuando se vive en grupo.

Francisco Javier lleva tres años consecutivos asistiendo a esta visita con Atende y cada edición le aporta algo nuevo. “Cada año que pasa es mucho más bonito. Este me ha gustado más que los otros, porque mezcla culturas, la cristiana con la de los antiguos faraones de Egipto. Me parece muy interesante”, comenta.

Las explicaciones ofrecidas por las monitoras no solo enriquecen la experiencia cultural, sino que estimulan la memoria, la atención y el diálogo entre los participantes.

Antonia Martínez, de 84 años, también disfrutó visitando el belén y “comentando entre nosotras los detalles”. De la salida destaca también el paseo por el llamado Bosque de los Deseos, en la plaza de Pontejos, donde todos colgaron sus mensajes de Navidad, y los villancicos interpretados por coros escolares, en algún caso con sorpresa, como el reencuentro inesperado de una usuaria con su biznieto cantando.

El grupo accede al Belén sin colas, gracias a la coordinación con Patrimonio Nacional, y disfruta de uno de los montajes navideños más emblemáticos de la ciudad. “Es una actividad estrella”, reconoce Laura. “Vamos en grupos pequeños, en distintos días, para adaptarnos a las agendas, a las citas médicas o a las necesidades del Servicio de Ayuda a Domicilio”.

Mercadillo de la Plaza Mayor y bocadillo de calamares

A continuación, el paseo continúa hacia la Plaza Mayor, con su mercadillo navideño, menos concurrido a esas horas y más accesible, un entorno familiar para muchos, que nunca pierde su encanto.

La jornada culmina con un gesto sencillo y simbólico: tomar un bocadillo de calamares, un clásico madrileño que para muchas personas mayores es mucho más que una comida. Un momento que simboliza algo más profundo: compartir mesa, conversación y risas.

“Hay usuarios que nos dicen que hacía 15 o 20 años que no venían a la Plaza Mayor a comerse un bocadillo”, explica Sara. No por falta de ganas, sino por las dificultades que implica hacerlo solos o en momentos de gran aglomeración.

Estos ratos en los que se sientan tranquilamente, charlan y ríen, les hace sentirse parte de la ciudadanía y eso refuerza su autoestima así como el sentimiento de pertenencia.

Esa es la parte que más le gusta a Antonia, que afirma convencida:“Me encanta, me pone muy contenta”. Para muchos, lo verdaderamente importante no es el bocadillo, sino “el ambiente madrileño, la animación, la gente”, añade Francisco Javier.

Estas actividades no cansan; al contrario, revitalizan. “Cuando uno lo pasa bien no nota ningún cansancio”, resume esta usuaria, desmontando el mito de que la edad limita el disfrute.

Las actividades del Servicio de Ayuda a Domicilio de Atende no solo mantienen activas a las personas mayores: les devuelven espacios, recuerdos y oportunidades. Como resume Laura: “Es su ventana al mundo”.

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