Con la llegada de la Navidad, la Plaza Mayor se transforma en uno de los escenarios más emblemáticos de la capital: un gran mercado al aire libre repleto de casetas rojas que llenan el centro histórico de luces y sonidos navideños. Este clásico mercadillo es, cada año, punto de encuentro para madrileños y turistas que buscan figuras de Belén, adornos, instrumentos musicales típicos de estas fechas, juguetes y los siempre populares artículos de broma.
En 2025, el Mercado de Navidad podrá hasta el 31 de diciembre, e incluye como novedad una exposición de un Belén Artesanal, que pondrá en valor el trabajo de artesanos especializados en la tradición belenista, uno de los símbolos más arraigados de la Navidad española.
Una de las grandes señas de identidad de este mercado es su estructura: 104 casetas alineadas alrededor de la plaza, donde los vendedores ofrecen una cuidada selección de productos navideños. La organización corre a cargo de la Asociación del Mercado Tradicional Navideño de la Plaza Mayor, entidad que reúne a los comerciantes y vela por mantener el carácter tradicional del evento.
Aunque hoy se asocia directamente a la Plaza Mayor, los orígenes del mercado se remontan al siglo XVII, cuando la entonces Plaza de Santa Cruz acogía un mercado navideño dedicado a la venta de frutas, hortalizas, adornos y pequeños regalos. Ya en el siglo XIX, el mercadillo se consolidó y se estableció una normativa para regular los puestos y los productos.
Con el paso del tiempo, las funciones de los espacios se definieron: la Plaza Mayor quedó asociada a la venta de pavos, turrones y dulces navideños, mientras que la Plaza de Santa Cruz se especializó en figuras de Belén, zambombas, juguetes y artículos festivos.
Uno de los cambios más significativos llegó en la década de 1980, cuando los tradicionales toldos de los puestos fueron sustituidos por las actuales casetas de madera, un diseño que se ha mantenido hasta nuestros días y que forma parte ya de la imagen icónica del mercadillo.