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El genocidio en Gaza descubre las ansias de los oportunistas sin alma

viernes 26 de septiembre de 2025, 11:39h

Negar el genocidio que está perpetrando en Gaza el Gobierno israelí liderado por el criminal Benjamín Netanyahu es una absurda y ciega afirmación. También lo es comparar la paralización de la última etapa de la Vuelta Ciclista a España -por el rechazo a la participación de un equipo de un excelente amigo de Netanyahu y de sus crímenes de guerra contra la población palestina- con Sarajevo, donde murieron miles de personas en la guerra de los Balcanes en el periodo 1992-1995. Asimismo, es una barbaridad insultar a los miles de madrileños que se manifestaron en Madrid contra este genocidio. Es un bello y solidario gesto querer parar una carrera ciclista para detener las muertes de civiles y niños en Gaza, donde han sido asesinadas más de 65.000 personas y se han arrasado hospitales, colegios y edificios civiles. Es otra barbaridad arremeter contra la exhibición de banderas palestinas en colegios y universidades y justificarlo señalando que se quiere politizar esta cuestión, esta masacre, y pidiendo que la política no entre en esos lugares. La respuesta de Netanyahu ante el atentado terrorista de Hamas (que fue potenciado en sus inicios por Israel para oponerse a la OLP) que provocó más de mil muertos es un deseo de destruir Gaza con sus habitantes dentro. Impedirlo es una necesidad y un compromiso de los demócratas.
Si asumimos que la política es el motor de la democracia, politizar es ejercer la ciudadanía activa y el partidismo es su distorsión. Si permitimos que el partidismo eclipse la política, abrimos la puerta al populismo y a la apatía, lo que, a la larga, debilita los cimientos de nuestra convivencia.
La política, entendida como la gestión de lo público y la búsqueda del bien común, es esencial para una sociedad democrática y justa. Politizar supone hacer que los asuntos de interés colectivo sean objeto de debate público y decisión democrática. Esto es muy distinto de la actuación partidista, que prioriza los intereses de un partido o grupo por encima del bien general. Sin una política robusta y participativa, lo que queda es un vacío que el populismo aprovecha, llevando a la desconfianza y, finalmente, a la apatía institucional.
Política es lo noble, es la actividad de la ciudadanía para organizar la vida en común. Es la esencia de la democracia.
Sin embargo, el partidismo es lo problemático y la defensa ciega y exclusiva de los intereses de un partido político o facción, a menudo por encima del interés general.
Politizar cuestiones como la sanidad, la educación, el cambio climático, la vivienda o el genocidio en Gaza significa sacarlo del ámbito privado o técnico y llevarlo al debate público.
La despolitización es algo peligroso porque anula la capacidad de la sociedad para influir en su propio destino.
El populismo se nutre de la desconfianza hacia las instituciones y los procesos democráticos, presentándolos como ineficaces o corruptos. El resultado final es la apatía y el desencanto ciudadano. Si la política se percibe como mero partidismo y confrontación estéril, los ciudadanos se desencantan. Sienten que su participación no importa, que todos son iguales.
Es necesario ser claro al distinguir entre política como noble arte de gobernar y partidismo como lucha por el poder.
Defender la política es defender la democracia y la capacidad de la ciudadanía para construir un futuro mejor.
Todos los que dicen que, en la actualidad, vivimos en una dictadura no saben lo que dicen porque no han vivido en ella. Y los que señalan que los que apoyan la creación de un Estado palestino y consideran que lo que está haciendo Netanyahu es un genocidio apoyan a Hamas son necios interesados.
El 27 de septiembre de hace 50 años cinco jóvenes antifranquistas fueron fusilados en juicios sin garantías. Fueron los últimos crímenes antes de la llegada de la democracia, que dio sus primeros pasos al morir el dictador Francisco Franco semanas después de las ejecuciones sumarias. Un excelente y bien documentado libro de Roger Mateos, ‘El verano de los inocentes’, explica los hechos y despeja muchas dudas sobre estos fusilamientos.
Dicen que Franco comentó a otro personaje de aquella época: “Haga como yo, no se meta en política”.
Muchos años después de los fusilamientos, se vuelve a defender la despolitización y que la política no entre en las aulas, en las áreas sanitarias o sociales. Con ocasión de los debates sobre el genocidio en Gaza, estos nuevos gurús del populismo han mostrado sus ansias de poder y están demostrando que son unos oportunistas sin alma.

Nino Olmeda

Periodista. Empezó su carrera profesional en El Socialista, colaboró con medios como Diario 16 e Interviú y durante casi una década intervino en tertulias de la Cadena Ser. Fue presidente de Tele K (televisión de Vallekas). Durante más de 30 años se dedicó a la información autonómica en Servimedia, Ha recibido numerosos premios de la Asamblea de Madrid, el Gobierno regional, la ONCE, Canal 33 y premio APM, entre otros. También ha recibido, tras su jubilación que no retirada, un homenaje de los todos los presidentes de la Comunidad de Madrid y de la Asamblea autonómica. En la actualidad, colabora con Madridiario y Zarabanda.

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