En los últimos años, el método Zentangle se ha convertido en una práctica artística y de bienestar a la que se han apuntado miles de personas en todo el mundo, también mayores. Creado en EE.UU. en 2004 por Rick Roberts, instructor de yoga, y María Thomas, calígrafa, su nombre en inglés define su esencia al unir las palabras Zen, que significa meditación o contemplación, y Tangle, que se puede traducir como enredo.
Este método propone dibujar patrones estructurados a partir de trazos elementales como puntos, líneas, curvas o círculos que se entremezclan. “Utiliza patrones sencillos de manera muy repetitiva, con lo cual te hace concentrarte, y luego los junta creando una composición, que es lo que se convierte en el dibujo final”, explica Sara López, animadora sociocultural del Servicio de Ayuda a Domicilio (SAD) del Ayuntamiento de Madrid que gestiona Atende, filial de Clece. Ella descubrió durante la pandemia este método de meditación creativa y decidió proponerlo como actividad para los usuarios del SAD.
El resultado son imágenes sorprendentes, llenas de armonía, que se crean de manera relajada y, lo mejor de todo, sin necesidad de saber dibujar. Esa es una de las claves del Zentangle, que no hay un boceto previo, simplemente se sigue el proceso paso a paso, concentrándose en cada línea y dejando que la composición aparezca de forma natural, sin existir fallos o errores, porque el trazo que no sale como se esperaba se integra en el proceso creativo. “Hay gente que es muy meticulosa y se preocupa porque se ha equivocado, pero les explicamos que en este caso hasta los errores luego quedan bonitos”, relata la animadora sociocultural. Aunque de inicio, algunas personas usuarias compartían con ella su miedo a fracasar en esta tarea, por no saber dibujar, “después de empezar la práctica ese temor desaparece y se sienten muy contentas con su dibujo”.
La psicóloga Mª Carmen Castro, experta en el Buen trato y la Atención centrada en la persona mayor, remarca los beneficios que aporta esta actividad a las personas mayores en el área psicológica , al permitirles expresarse libremente mediante un lenguaje no verbal, “favoreciendo un aumento de la autoestima, puesto que este proceso no implica errores sino todo lo contrario, cada uno expresa lo que siente, lo que le apetece, y la persona mayor ve que realmente puede hacerlo sin ser juzgado por hacerlo bien o mal, ya que cada patrón se dibuja libremente”. Esto estaría muy relacionado con un beneficio en el aspecto emocional, pudiendo “ayudar a reducir estrés y ansiedad” al aportar calma y ayudar a reflexionar.
La experiencia de Antonia y Dolores

Antonia Tuchang es una de las usuarias que acaba de conocer y practicar el Zentangle. “En mis 84 años, es la primera vez que he cogido un boli o un lapicero para pintar. No he dibujado ni hecho algo así en mi vida”, confiesa satisfecha del resultado de la experiencia, sobre todo por los elogios que recibió. “Cuando se lo mandé a mi hijo me dijo: Ole, ole y ole, qué orgulloso estoy de ti”, presume. Al principio la tarea le pareció “un poco difícil, pero tenemos unas auxiliares tan buenas que nos echaron una manita”. Además, la música oriental con que se ambientó el taller redondeó la experiencia. “Sara nos puso una música preciosa, como si estuviéramos haciendo taichí. Nos relajó muchísimo y la verdad es que fue una maravilla”, añade sobre esta actividad que, como el resto de las organizadas por el SAD, disfruta intensamente. “Bendita la hora en que me salió lo del Ayuntamiento. Para mí es mi vida, es mi recreo, es pasármelo bien”, resume, aludiendo al hecho de ser beneficiaria del SAD del consistorio gestionado por Atende.
Dolores Gómez, de 85 años, ya conocía el método porque participó en un taller anterior. “No es muy difícil, solamente te tiene que gustar”, comenta mientras presume de un especial talento con las manualidades. “He pintado mucho en lienzo, la pintura me entretiene mucho pero mis manos ya no son lo que eran”, lamenta. Sin embargo, incide en que para el Zentangle “no hace falta saber pintar, hace falta querer. Además, te dicen lo que tienes que ir haciendo y así resulta muy fácil”. Por cómo explica la mecánica del proceso, queda patente que sus dos experiencias casi la han convertido en toda una experta. “Solo necesitas una hoja de papel, un bolígrafo, un lapicero y un bastoncillo de algodón. Se va trazando con el boli y luego con el lápiz se le da una sombra que se difumina con el algodón. No es necesario colorear”, precisa.
En estos talleres, los usuarios del SAD van recibiendo las instrucciones a través de un vídeo acompañado de las indicaciones de la propia animadora sociocultural para saber dónde marcar los puntos, trazar las líneas y replicar los patrones en la hoja de papel.
Beneficios del Zentangle en los mayores
“Realizar estos patrones de dibujo puede ayudar a reforzar la estimulación cognitiva ya que favorece la atención, memoria visual y concentración. Por tanto, a nivel general, va a contribuir a mantener la mente activa promoviendo además la creatividad, lo que va a ayudar positivamente”, traslada Mª Carmen Castro sobre los beneficios de una técnica que, también en el área física, sobre todo “favorece la motricidad fina y la coordinación mano-ojo, ya que este es un método que ejercita la destreza manual”. A todo ello se suma el beneficio social puesto que la actividad se realiza de manera grupal, “esto favorece la diversión, la comunicación entre los participantes, y genera un círculo de amistad positivo que permite trabajar las habilidades sociales tan importantes también entre los mayores”, añade Castro.
Pese a que los talleres de Zentangle organizados en el SAD se han impartido como una actividad grupal, las responsables han preferido sentar a los participantes por separado, en mesas individuales. “El propósito es que no se fijen en el dibujo del de al lado, para que no lo comparen”, aclara López.
Introducida como terapia artística para un envejecimiento activo, la psicóloga, por su parte, advierte que no todas las personas mayores presentan un perfil que encaje con esta práctica. “Este tipo de actividad puede resultar monótona para personas mayores que necesitan actividades más dinámicas, influyendo negativamente en la motivación, lo que dificultaría el efecto emocional relajante que se busca”, traslada Castro, quien menciona la “necesidad de tener en cuenta su dificultad para personas con temblores o que tengan baja visión, ya que pueden sentir frustración por no poder realizar cómodamente la actividad”.
Este extremo se solventa en el taller del SAD adaptando la actividad para que todos los mayores que lo deseen puedan disfrutar como sus compañeros. “En el grupo tenemos a una usuaria nonagenaria que tiene problemas de visión, pero le encantan este tipo de actividades así que en su caso le dedicamos una mayor atención y a veces le cogemos la mano para dirigir el trazo”.
El buen resultado de esta práctica entre los mayores ha convencido a Atende para repetirla en más ocasiones. “La verdad es que les gusta. Al poco de empezar, se van relajando, se van fijando y concentrándose en su línea, con su música de fondo, y al final posan todos con su dibujo muy contentos”, concluye López.