Rubén Olmo, director artístico del Ballet Nacional de España, tuvo el acierto de encargar a
Marcos Morau la creación de un espectáculo para la compañía. El resultado fue
Afanador, estrenado en diciembre de 2023 en Sevilla. Esta producción consiguió recientemente cinco premios MAX y dos premios Talía.
Ahora ha vuelto a Madrid para una breve temporada y es la ocasión de disfrutar con un impactante trabajo interpretativo, coreográfico y teatral. Son cien minutos trepidantes que dejan en la retina imágenes extraordinarias.
Ruven Afanador es un fotógrafo de origen colombiano afincado en Estados Unidos. Ha tenido delante de su objetivo a todas las grandes personalidades de las últimas décadas, desde el campo de la política hasta el del espectáculo. Una sesiones que realizó en Andalucía fueron el origen de esta propuesta. Afanador, su estética, su composición, inspiraron a Morau este montaje en el que ha contado con los coreógrafos Lorena Nogal, Shav Partush, Jon López y Miguel Ángel Corbacho. Pero, como decíamos al principio, tiene una gran teatralidad gracias a la dramaturgia de Roberto Fratini. No hay, en el conjunto, una sección que flojee: escenografía de Max Glaenzel, iluminación extraordinaria de Bernat Jandá y un lujoso vestuario de Silvia Delagneau.
Ya en el comienzo se nos sumerge en un estudio fotográfico del que irán apareciendo símbolos surrealistas o una sucesión de escenas que recrean la España profunda, la de las procesiones, los duelos o los toros. Siendo clichés manidos, su puesta en escena no tiene nada de tradicional y sí de rompedor. Por las enormes pantallas de fondo se acompaña a los bailarines con una animación en blanco y negro -formidable el audiovisual de Marc Salicrú- mientras que un juego constante de sillas y focos delimita los escenarios.
Pocas veces he visto un espectáculo de danza en el que todo el cuerpo de baile sea el protagonista absoluto. Aquí sucede. No faltan algunos solos, como el que protagoniza el director Olmo, el solista Francisco Velasco o los invitados Irene Tena y Albert Hernández, pero la fuerza y la energía la despliegan todos y cada uno de los bailarines. Estamos ante un conjunto sólido capaz de adaptarse cualquier estilo dancístico. Siendo una producción del Balle Nacional, creado para conservar y potenciar nuestros bailes tradicionales, no pueden faltar en la apabullante composición musical, los guiños a la seguiriya o a la jota. Los ritmos flamencos están interpretados en directo por los músicos y cantaores de la compañía. No es un espectáculo de palillos -apenas se usan unos minutos-, de peinetas o volantes, aunque estos no falten, siempre en el tono negro que domina toda la propuesta. Afanador es, en definitiva, un carrusel trepidante de la España profunda enhebrado con el talento de Marcos Morau, contrastado en los veinte años que lleva al frente de La Veronal.
No falta, terminando el espectáculo, una coreografía que a mí me pareció homenajear a la brillante Fuenteovejuna, del maestro Gades. Toda la compañía vuelve a los orígenes, a la convicción de que por mucho tiempo que pase, por muchas cosas que sucedan, hay algo que nos hace volver siempre a las raíces.
Afanador está en el teatro de La Zarzuela hasta el 20 de julio.