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Iglesia de San Plácido
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Iglesia de San Plácido (Foto: Antonio Castro)

Las Plácidas ya se pueden visitar

Abre al público la iglesia del convento de San Plácido

viernes 21 de febrero de 2025, 07:34h
Actualizado: 04/03/2025 08:59h

En el año 2023 las pocas religiosas que habitaban el convento de San Plácido, entre las calles de San Roque y Pez (Malasaña) abandonaron el edificio. Al ser un convento de clausura, era muy difícil poder admirar el arte que atesora. Sobre el edificio se cernió la sombra de la duda. Pero, afortunadamente, la hermosa iglesia se ha abierto a las visitas con un amplio horario. Se puede recorrer libremente o acompañados por un guía. Los horarios son de 10.30h a 15.00h de lunes a viernes y los sábados de 10.30h a 16.30h. Los domingos está cerrada. La entrada general cuesta cinco euros. Se puede adquirir una entrada combinada con San Antonio de los Alemanes por nueve euros. El convento no es visitable, aunque se trata de una reconstrucción de principio del siglo XX.

La iglesia y convento fueron levantados sobre el solar donde existió una ermita dedicada a San Plácido, por lo que tomaron ese nombre. Fue impulsado por Teresa Valle y de la Cerda en 1623, y construido por el fray Lorenzo de San Nicolás, agustino recoleto.

A primera vista sorprenden el magnífico retablo y la cúpula de media naranja. Esta es lo que se conoce como ‘encamonada’, o sea, construida sobre armazón de madera para elemento decorativo. La decoración de la cúpula se encargó a Francesco Rizi. Cada una de las secciones de la decoración está dedicada a una de las ocho órdenes militares, cuyas insignias aparecen en las pinturas. Descansa la falsa cúpula sobre cuatro pechinas que, a diferencia de otros templos, retratan a otras tantas religiosas: santa Juliana, santa Francisca Romana, santa Isabel Abadesa y santa Hildegarda.

El retablo del altar mayor es espectacular, obra de Claudio Coello, y representa el Misterio de la Encarnación o la Anunciación a la Virgen. El mueble que sostiene es de los Hermanos De la Torre. Tiene siete metros de altura. Hasta 1808 colgaba en la sacristía el Cristo de Velázquez, pintado para este convento. Se apropió de él Manuel Godoy y acabó en el Museo del Prado. En la iglesia pueden verse otros retablos de menores dimensiones y valiosas esculturas de Manuel Pereira. En la capilla de la Virgen descansa un bellísimo Cristo yacente de Gregorio Fernández. Se exponen dos ‘manolitos’ -pequeñas imágenes de Niño Jesús- de los habituales en los conventos.

En torno a este convento barroco y a sus moradoras, se fueron forjando numerosas leyendas. Según la más popular, el cuadro de Velázquez fue un regalo de Felipe IV, arrepentido por una hazaña que frustró la priora del convento. Se cuenta que el rey se enamoró de una novicia, Margarita de la Cruz, a la que visitaba en secreto para departir con ella. Pero quiso pasar a mayores y con la complicidad del Conde Duque de Olivares planeó acostarse con ella en otra incursión secreta. Enterada la abadesa, hizo que la novicia se colocara en un catafalco como si estuviera muerta. Al ver la escena fúnebre, el monarca se desmayó y volvió arrepentido a palacio. La Santa Inquisición también anduvo por aquellos pasillos ante la aparente posesión demoníaca colectiva que mostró la mayoría de las monjas. No falta quien afirma que algunas noches recorre los pasillos el fantasma de una monja que se suicidó en su celda una noche de tormenta.

En esta zona de Malasaña/Universidad existen tres templos históricos que deberían conformar un circuito artístico y monumental sumamente atractivo. San Antonio de los Alemanes, en la calle de la Puebla y las Plácidas, en San Roque son fácilmente visitables. El tercer lado del triángulo, las Mercedarias de Alarcón, es mucho más complicado de ver. Debería ser obligado que el patrimonio eclesiástico casi inaccesible, se pusiera en valor para disfrute de madrileños y visitantes.

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