La expareja de Gonzalo R. I., acusado del crimen de un enfermero del Hospital Príncipe de Asturias en marzo de 2021, ha negado que mantuviera en ese momento una relación sentimental con la víctima y ha manifestado que se sentía "controlada" por el agresor al tener que mandarle ubicaciones en tiempo real y darle el parte diario de sus movimientos cuando salía del hospital.
El jurado popular que se pronunciará sobre el asesinato ocurrido el 6 de marzo de 2021 en la sala de enfermería del hospital de Alcalá de Henares ha escuchado el relato de los testigos de la vista, entre ellos Carolina C.H., expareja del acusado.
Con una actitud seria y cabizbaja, el procesado ha estado atento al testimonio de su exnovia, con quien mantuvo una relación durante cinco años, a pocos metros de distancia. En el verano de 2020, Carolina decidió poner fin a su relación con Gonzalo, pero él logró persuadirla para que continuaran juntos, prometiendo que la reconquistaría.
Una aventura con encuentros sexuales esporádicos con Sergio, un compañero de trabajo, comenzó en ese momento, aunque meses después decidió dejarlo. En febrero de 2021, las conversaciones con la víctima se reanudaron debido a un problema de salud que este enfrentaba, aunque la relación no se retomó.
La testigo ha afirmado que no tenía ninguna relación con la persona fallecida en el instante del crimen. Por la mañana del día en que ocurrió el asesinato, tuvo una discusión con el acusado debido a que él había mirado su móvil, lo que la llevó a abandonar su hogar. En un momento dado, recibió una llamada del procesado, pero no le reveló su ubicación.
La testigo ha enfatizado que "Sergio era un apoyo para todos. Una buena persona", y ha admitido que "se sentía controlada" por Gonzalo, a quien debía informar diariamente sobre sus movimientos y enviar su ubicación en tiempo real.
Delegado sindical del Movimiento Asambleario de Trabajadores de la Sanidad (MATS), Sergio era una figura apreciada por los empleados debido a su dedicación en la lucha sindical durante los momentos más difíciles de la pandemia del Covid. Después de su fallecimiento, decenas de compañeros llevaron a cabo un homenaje en su honor.
Los investigadores hallaron en posesión de Gonzalo una carta de Carolina a Sergio en el que le comentaba que se sentía "atrapada, vigilada, infeliz y sin escapatoria". "Conseguiré levantarme y correré a buscarte. Ojalá no sea demasiado tarde", le escribió.
Durante la sesión, un médico de urgencias ha compartido su experiencia al escuchar una alarma que indicaba que alguien había sufrido una parada cardiorrespiratoria. Al ingresar a la sala, se encontró con gritos de dolor. "Vi a una persona inclinada sobre un enfermero. Había sangre y pensé que era una asistencia médica. Me dijeron que era una agresión. La gente se refugió en los boxes. Hubo una estampida humana", ha relatado.
Un testigo adicional ha relatado que Gonzalo apuñaló a la víctima en múltiples ocasiones hasta que finalmente le degolló, provocando que esta cayera al suelo. La llegada de los policías fue rápida, ya que había agentes vigilando a un preso en Urgencias.
Trastorno mental de carácter transitorio
El procesado admitió haberle cortado el cuello por celos, argumentando que experimentó un trastorno mental transitorio tras escuchar a la víctima mencionar que continuaría "violando" a su entonces pareja sentimental y a su hija menor.
Gustavo se enfrenta a una petición fiscal de 21 años de prisión debido a un delito de asesinato, mientras que la familia solicita que la pena se eleve a 25 años. La defensa argumenta a favor de una eximente total por trastorno mental transitorio o, en su defecto, una atenuante por arrebato.
El 6 de marzo de 2021, el procesado se puso su uniforme de conductor de ambulancia, que consistía en un peto amarillo y un uniforme rojo, con el propósito de ingresar al centro hospitalario y acabar con la vida de S. L. G., quien se desempeñaba como enfermero en ese lugar.
Al ingresar al centro hospitalario, el acusado comenzó a merodear por la zona hasta que encontró a su víctima. Aproximadamente a las 13:45 horas, cuando la víctima entró en la sala de descanso, G. R. I. lo siguió y, "de forma sorpresiva e inopinada", inició un ataque con el cuchillo que llevaba consigo, apuñalándolo en repetidas y numerosas ocasiones en diferentes partes del cuerpo "hasta causarle la muerte".
Desde el 6 de marzo de 2021, la libertad del acusado se ha restringido debido a este caso. La Fiscalía exige una indemnización de 940.000 euros para los familiares del fallecido en concepto de responsabilidad civil.