El Ayuntamiento de Madrid anuncia otra reforma de la plaza de Tirso de Molina y de varias de las calles que convergen en ella. Esta plaza, como la de Jacinto Benavente, son un claro ejemplo de la degradación constante e imparable del centro madrileño. Otro día hablaré sobre la destrucción de la Plaza Mayor…
Cruzo la plaza tres o cuatro veces cada día desde hace 37 años porque es el camino más directo hacia mi casa. En estas casi cuatro décadas he visto de todo en Tirso de Molina: camellos, drogadictos pinchándose, navajazos, tirones de bolsos, carteristas, gente defecando en los rincones… Y pocas de estas actividades se han erradicado en reformas sucesivas.
La plaza del Progreso (nombre primitivo) fue resultado de la Desamortización de Mendizábal. Por culpa de ella el convento de la Merced, que ocupaba ese terreno desde el siglo XVI, fue derribado. El desescombro y adecentamiento de su solar se llevó a cabo en solo veinte días a principio del año 1840. El ayuntamiento acordó entonces llamar a aquel terreno plaza del Progreso, nombre que se mantuvo hasta 1940. Era un trapecio entre las entonces calles de la Magdalena, de los Remedios, Cosme de Médicis y de la Merced. Sigue la calle Magdalena y la de Médicis es actualmente Conde de Romanones. La actual calle del Doctor Cortezo (antes Nueva de la Trinidad) se abrió en 1864.
El 7 de junio de 1869 se instaló en el centro de la plaza el monumento a Juan Álvarez Mendizábal, obra de José Grajera. Pero llevaba esculpido 14 años, ya que se encargó en 1855, siendo llevado inicialmente al Casón del Buen Retiro.
La plaza ha sufrido en sus 184 años de historia, numerosas reformas. En 1921 se abrió la estación del Metro, de la línea 1, que acercaba a los vecinos de Lavapiés al resto de la ciudad. La línea 3 no se inauguraría hasta el año 1936.
En 1927 una reforma parcial modificó el emplazamiento de la boca de metro cercana a Conde de Romanones y se repuso la verja que rodeaba el centro de la plaza y que había ordenado retirar el alcalde Vallellano. La prensa informó que en las obras solo se talarían dos árboles. En el tramo entre Conde Romanones y Duque de Alba había para de tranvías.
El 10 de diciembre de 1932 se inauguró en la esquina con la calle Lavapiés, el teatro del Progreso, hoy renombrado como Teatro Apolo.

Tras el final de la Guerra Civil, el 24 de junio de 1939, se tomaron los primeros acuerdos para ensalzar la figura del fraile dramaturgo que había habitado en el desaparecido convento de la Merced. Se propuso derribar la estatua de Mendizábal y sustituirla por la del fraile. Más tarde se acordó cambiar también el nombre de la plaza, llamándose así desde el 4 de julio de 1941.
La estatua de Mendizábal desapareció el 5 de marzo de 1940 pero el monumento a Tirso, bastante feo por cierto desde mi punto de vista, no se inauguró hasta 1943. Es obra del escultor Rafael Vela del Castillo.

En la segunda mitad del siglo XX, la parte central de la plaza era una especie de meseta o terraza, elevada sobre las calles circundantes, ajardinada, sin tráfico y con la estatua en el centro. Está zona llegó a ser bastante siniestra y peligrosa. Los vecinos, al caer la tarde, preferíamos rodearla a cruzarla. Todo desapareció con la gran reforma iniciada en el año 2005, bajo el mandato de Ruiz Gallardón. El desnivel quedó salvado con rampa continua y se decidió instalar ocho quioscos para la venta de flores como medida para alejar la inseguridad de la plaza. El monumento a Tirso se llevó a la esquina con Doctor Cortezo, colocándolo sobre una lámina de agua a la que llamar fuente sería un insulto a la estética y a las bellas artes. También se instalaron unos modestos – y hasta ridículos- surtidores en el centro y delante del teatro Apolo. Cuando no están cegados, no manan. Se instalaron bancos de color blanco, con estrechas bases, que se fueron arrancando progresivamente. Así mismo, se crearon unos recovecos, utilizados como urinario por las personas que suelen poblar la plaza. Los quioscos, con un diseño de cuando éramos los más modernos de Europa, fueron inmediatamente vandalizados. Su complicada estructura hace difícil mantenerlos en buen estado. En 2021 se procedió a su completa restauración, pero ya están tan asquerosos como antes. La zona de juegos infantiles está vedada a los niños a partir de cierta hora de la tarde: es terreno de los gamberros.

Diecisiete años después de finalizar esa gran reforma, la degradación es la misma. La inseguridad subió de tono con el asesinato de una comerciante en julio de 2023. Los tirones y atracos a punta de navaja a medida que avanza la noche están a la orden del día.
Tirso de Molina, además de volver a reformarse, necesita una decidida actuación de los servicios sociales municipales para atender a quienes han hecho de la plaza su hábitat, y necesita una vigilancia constante de las fuerzas de seguridad para intentar erradicar la delincuencia. Si no se adoptan estas medidas, la reforma será en vano.