En 1942, en México, Ramón J. Sender publicó la primera novela de una serie de nueve: Crónica del alba. A España no llegaría hasta 1965, no sin vencer muchas dificultades. Ahora, desafiando al verano, se estrena una versión para danza, que se vio por primera vez en el teatro Principal de Zaragoza el pasado mes de noviembre.
Miguel Berna y Sara Calero han aparecido la pasada temporada por nuestros escenarios aunque colaborando con producciones ajenas. Berna bailó la gran jota de La Dolores, en el montaje de La Zarzuela del pasado mes de enero. Sara Calero se subió al mismo escenario hace muy pocas semanas junto a Joaquín de Luz y la Compañía Nacional de Danza, estrenando la coreografía A tu vera.
Berna llevaba nueve años sin estrenar espectáculo propio en Madrid. Reaparece con este montaje que homenajea a uno de los aragoneses destacados. Con anterioridad a Sender, el bailarín coreógrafo también rindió homenaje a Francisco de Goya y a Luis Buñuel. En 2008, en el contexto de la Exposición Internacional de Zaragoza, estrenó Goya. Buñuel y el deseo fue el homenaje al cineasta en 2017. Berna también colaboró con el director Carlos Saura en la película Jota de Saura, 2016.
Miguel Ángel Berna comenzó a bailar la jota a los ocho años. Después se formó en distintas disciplinas de la danza hasta formar su propia compañía, Danza viva, en 1990. Está considerado como el gran renovador de la jota aragonesa.
La madrileña Sara Calero, formada en el Conservatorio de Madrid, ha sido bailarina solista en compañías como la de Antonio Márquez, el Ballet Nacional de España o Ibérica de danza, de la que es coreógrafa invitada. Además de los espectáculos con su propia compañía, participa en proyectos, generalmente poco convencionales. Crónica del alba es la oportunidad de juntos a los dos artistas con una creación dramática.
Javier Barreiro ha adaptado la historia de Sender a la que Berna y Calero han puesto coreografía. La música está compuesta por hasta once autores, que han bebido de las fuentes populares, como la jota.
Cuando Sender escribe esta historia, ya en el exilio, supera los cuarenta años. Pero tiene una larga y conflictiva experiencia vital porque ha vivido todos los avatares políticos de España en la primera mitad del Siglo XX. Tiene también una bibliografía bastante abultada. Pepe Garcés, el protagonista de sus novelas, tiene diez u once años. En Crónica del alba, ambientada en 1939, el excombatiente rememora su infancia desde el campo de concentración donde está prisionero. Ha sido un niño feliz en sus correrías por la localidad aragonesa de Tauste. Los personajes más importantes de sus primeros años van desfilando por el relato, sobre todo Valentina, la niña que sería su primer amor. Las familias de ambos no ven bien esta relación, que se corta abruptamente cuando ella se marcha a San Sebastián. Algo cambia entonces en el niño Pepe Garcés.
Según los autores: “Crónica del Alba es memoria quintaesenciada, es idealización de un pasado, lleno de estímulos, pero también de celadas, y es el intento de recrear un tiempo irrecuperable, cuyas claves sólo puede desvelar el arte, en su caso el literario, experiencia que también llevaron a cabo otros muchos autores del exilio, traumatizados por el arrebato de la identidad que supone la pérdida de las gentes y escenarios con los que compartieron su peripecia”.
Crónica del alba fue llevada al cine con dos películas los años 1982 y 1983. El veterano Anthony Quinn y Jorge Sanz fueron los protagonistas de la primera entrega.
Crónica del alba se representa en el teatro Bellas Artes hasta el 3 de septiembre.