Hasta el 8 de octubre el espacio de exposiciones del Palacio de Cibeles, CentroCentro, rinde homenaje a lo "cursi" y lo hace con una exhibición de más de un centenar de objetos decorativos, mobiliario, fotografías y obras de arte.
'Elogio de lo curso', como se llama la muestra', está comisionada por el profesor de Historia del Arte de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) y miembro del comité de adquisiciones del Museo de Arte Contemporáneo de Madrid Sergio Rubira.
La muestra cuenta con productos de la cultura popular. Desde abanicos, muebles u objetos decorativos, pasando por libros, fotonovelas, cómics, postales, carteles publicitarios o anuncios de teatro, así como todo tipo de obras de arte, seleccionadas a partir de una investigación de Rubira basada en lecturas del siglo XIX. "Lo cursi está muy relacionado con la revolución industrial y la producción en masa. Por eso es fácil encontrarlo en todo tipo de objetos y disciplinas, como la pintura, la moda, la literatura, incluso la arquitectura. Ejemplo de ello es, precisamente, el edificio de Correos y Telecomunicaciones de Antonio Palacios donde está situado CentroCentro. La planta está copiada casi literalmente de un edificio de Otto Wagner de la Secesión, pero el alzado tiene elementos manuelinos y platerescos que hacen que todo sea muy pretencioso y lo pretencioso tiene mucho que ver con lo cursi", comenta Rubira.
La exposición tiene como pieza central un “saloncito cursi” que intenta generar un ambiente para ricos, un aire burgués y pretencioso con un estilo rococó. Desde un cuadro con cabello humano y una bandeja con ángeles bordados hasta una cerámica decorativa con lazos y perros con alas, es lo que te puedes encontrar entre los dos pasillos enfrentados que conforman la totalidad de la muestra.
Origen de la palabra 'cursi'
En la actualidad, el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua define 'cursi' como "una persona que pretende ser elegante y refinada sin conseguirlo" o "una cosa que, con apariencia de elegancia o delicadeza, es pretenciosa y de mal gusto".
Su origen es muy disputado y tiene díficil traducción a otros idiomas. Apareció en la lengua española a comienzos del siglo XIX y algunos asocian su etimología a una abreviatura de cursiva, que era un tipo de caligrafía que se puso de moda por incluencia de Inglaterra a finales del siglo XVIII, pero que resultaba díficil de imitar. Otros lo encuentran en dos personajes que han adquirido casi el carácter de mito: las hermanas Sicur de Cádiz. Se contaba, si existieron, que estas dos hermanas copiaban la moda de París y la exageraban. Los adornos ocultaban las manchas, los desgarrones y los brillos de unos vestidos que el tiempo había desgastado y ellas no podían renovar. Su aspecto se volvió ridículo y, cuando paseaban, las gritaban: ¡Sicur! ¡Sicur! ¡Sicur! ¡Sicur!
De este modo, por la repetición, su apellido invertido se convirtió en sinónimo de ridículo. A partir de ahí, los cursis fueron aquellas y aquellos jóvenes de clase media baja o clase baja que imitaban las formas de la burguesía adinerada y la aristocracia. En la Filocalia o el arte de distinguir a los cursis de los que no lo son, escrito por los conservadores Francisco Silvela y Santiago de Liniers en 1868, año de la Revolución Gloriosa, “el imperio de la cursilería es uno de los peligros de la revolución. Significa la invasión por las masas del terreno artístico, poético, monumental e indumentario”. Como afirma Noëll Vallis, “lo cursi resulta de desplazamientos sociales indeseables”.