La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz-Ayuso, anunció el 9 de marzo de 2020 una de sus primeras medidas para tratar de contener el avance del coronavirus: el cierre de todos los colegios, institutos y universidades de la región. También dijo que se habían contabilizado ya 469 casos de coronavirus en la Comunidad y que habían fallecido 16 personas.
Desde entonces, ha llovido mucho, hemos aprendido todos algo sobre este bicho y sus distintas variantes. También hemos sabido que es mortal: ha dejado por el camino millones de personas de todos los continentes. En España, casi 100.000 fallecidos, más de 19.000 de ellos en Madrid. Han pasado muchas cosas desde 2020 hasta hoy. En concreto, a fecha de 19 de enero de 2022, hubo 36 muertos en un solo día en la Comunidad de Madrid. También 14.000 nuevos contagiados, que sumados a los ya existentes dan una cifra cercana al millón y medio con covid. Todavía quedan 3.000 hospitalizados en planta y 300 en UCI.
El panorama es bastante alarmante y normal si lo comparamos con lo que viene sucediendo desde la llegada de ómicron, una nueva variante que infecta a muchos pero no mucho, en comparación con etapas cercanas en las que se llenaron tanto los hospitales que los sanitarios terminaron agotados y algunos de ellos perdieron la vida en sus puestos de trabajo. Ahora, esos médicos y enfermeras siguen agotados porque se les dedica buenas y bonitas palabras, pero no se les da el trato, consideración y salario que merecen. Es decir, que con una buena parte de la población con covid, la Sanidad atiende no solo a los que son hospitalizados sino también a los contagiados en unos centros de salud que no dan más de sí porque falta personal e ideas claras y concisas. Pero todo parece formar parte de la nueva normalidad que llegaría tras las fases duras de la pandemia cuando no podíamos salir de casa y estábamos en estado de alarma.
¿Significa esto que nos tiene que parecer normal lo que estamos viviendo? ¿Es normal que en plenas fiestas navideñas se llamase a no suspender cenas de empresa o reuniones familiares y a actuar con normalidad ante un virus que convivirá con nosotros durante mucho tiempo y que sólo necesitamos respetar las reglas para que no nos atrape, y si nos atrapa, será como una gripe amiga? Todo esto lo dejaba caer la presidenta Isabel Díaz Ayuso cuando se veía venir que los contagios se multiplicaban.
‘Salvar al soldado patronal’ parece ser el ‘trailer’ que nos dejan ver de su película. ¿No es demasiado alto el precio a pagar en número de fallecimientos por covid? No se debe ver con normalidad que cada día varias docenas de madrileños mueran. Da la sensación de que en toda esta batalla contra la pandemia han primado las decisiones políticas y no las de los que saben de esto (científicos, virólogos, inmunólogos y demás expertos). Hemos pasado de estar más atentos a la Incidencia Acumulada (IA), como en la etapa de la Prima de Riesgo, que a la realidad de la atención sanitaria.
Recuerdo que en la etapa de los gobiernos de Ayuso e Ignacio Aguado (entonces vicepresidente y líder de Ciudadanos) se decía que más de 100 o 200 casos por cada 100.000 habitantes era un signo de restricciones. Ahora la IA está entre los 2.000 y 3.000 casos y no pasa nada porque es la nueva normalidad. Esa que reduce las plantillas de trabajadores de lo público y lo privado por estar muchos en cuarentena casera. Esa que cierra aulas porque hay niños con covid.
Ahora sólo queda esperar a que escampe y la covid no caiga sobre nosotros, después de contagiar a todo el que se puso a tiro en tiempos de fiestas y vacaciones ansiadas por todos. Todos tranquilos, no pasa nada, las cosas van mejor y mueren decenas de personas cada día para no desentonar ni hacer feos a los de a nueva normalidad.
Dicen que las crisis abren nuevas oportunidades, sobre todo a los que más tienen. Interesante lo que dice Intermon Oxfam: “Los diez hombres más ricos del mundo han duplicado su fortuna, mientras que los ingresos del 99 % de la población mundial se habrían deteriorado a causa de la Covid-19”