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Es el momento

jueves 27 de diciembre de 2018, 11:06h

Son innumerables las huelgas y movilizaciones que evidencian y han evidenciado su utilidad. La huelga sigue siendo el último instrumento, la última herramienta con que cuentan los trabajadores y trabajadoras para presionar y conseguir negociar ante empresas o administraciones cuando la cerrazón permanente es su respuesta.

La huelga no es una fiesta. Es una decisión dura que si no tiene detrás una organización, trabajadores organizados en sindicatos, es complicada de gestionar. En estos días hemos visto cómo movilizaciones han dado sus frutos. Cinco años de pelea numantina han terminado dando la razón a la plantilla de Coca Cola en Fuenlabrada. Correos ha conseguido alcanzar un acuerdo, al igual que los sectores de metal, hostelería y comercio textil. Amazon continúa la pelea y la plantilla de Arjé, de ocio educativo, está luchando contra condiciones indignas, despidos y chantajes.

Recientemente conmemoramos el 30 aniversario de la histórica huelga general del 14 de diciembre. Tras una larga preparación y calentamiento, hubo un día de gran éxito de convocatoria. Un éxito de toda la sociedad que también, dos días después se echó a la calle. A partir del 17 de diciembre hubo que gestionar aquel éxito y, a través de la Propuesta Sindical Prioritaria (PSP) empezó a tomar forma.

Fueron muchos meses de una nueva forma de negociación. Ésta se diversificó y descentralizó, discutiendo y acordando con el Gobierno central, los gobiernos autónomos, los ayuntamientos y la patronal según fueran los contenidos a debatir. En la comunidad de Madrid, un año después de la huelga, en estos días hace veintinueve años, el 14-D comenzó a hacerse realidad.

A grandes rasgos, cinco fueron los grandes temas que los sindicatos (CCOO y UGT) tratamos con el Ejecutivo regional, en aquel momento del PSOE: políticas de empleo; derecho a negociación colectiva de empleados públicos; política y protección social; vivienda, medio ambiente y transporte y participación institucional y sindical.

Mucho de lo arrancado abrió una senda que hoy nos permite continuar reivindicando. Hace treinta años nos adelantábamos a la preocupación del medio ambiente exigiendo la desaparición de las antiguas calefacciones y potenciando el uso de la gasolina sin plomo; empujamos ampliaciones de Metro, plan de Cercanías y creación de aparcamientos disuasorios… políticas sociales que la derecha ha intentado barrer cada vez que ha tenido y tiene oportunidad.

Aquel 14-D propició se llevara a cabo un histórico plan de vivienda social, sin pelotazos. Igual que histórico fue el acuerdo para ejecutar el Ingreso Madrileño de Inserción Social (IMI) que benefició a 20.000 familias con 33.000 pesetas de entonces (200 euros), más 8.000 pesetas por cónyuge (48 euros), 5.000 pesetas por el primer hijo o hija (30 euros) y 4.000 por los siguientes (24 euros). Además, el periodo máximo de tramitación, desde la solicitud, no podía superar los treinta días.

La unidad de acción entre CCOO y UGT pararon los intentos del Gobierno de España, presidido por Felipe González, imponer lo que se vino en denominar un “pacto por la competitividad” y una “ley de huelga” que la limitaba. Todo ello en un escenario de bonanza económica que propiciaba argumentos y fuerza para estar a la ofensiva.

Sí. Aquella huelga se gestionó correctamente. El problema vino con el tsunami ultra y neoliberal abanderado en España por José María Aznar y su mayoría absoluta, en la que olvidó hasta el catalán que hablaba en la intimidad y, en Madrid tras el tamayazo, el golpe que puso a Esperanza Aguirre en la presidencia de la región.

Ese fue el tiempo en que se sembró la burbuja inmobiliaria española con la “ley del suelo” de Aznar, el tiempo en que, paso a paso, en Madrid comenzó la persecución sin cuartel al sindicalismo de clase; en que Telemadrid, que hoy trabaja por renacer de sus cenizas, pasó a ser el aparato de propaganda de un PP desvergonzado. En ese tiempo, no tan lejano, el PP negaba sin rubor el cambio climático al tiempo que las corruptelas tomaron forma de grandes tramas organizadas de corrupción. Entre chapapote gallego y mentiras increíbles, Aznar nos metió en una guerra que hoy sigue coleando con un terrible terrorismo internacional, del que Madrid fue víctima terrible un inolvidable 11 de marzo.

En nuestra región, Esperanza Aguirre iba cerrando el dialogo social. Y vino la gran recesión, la gran coartada para retroceder lustros en tantos asuntos y aprobar unas reformas laborales que no pueden mantenerse a día de hoy.

Los sindicatos llevamos a cabo tres huelgas generales, brutalmente reprimidas y que supusieron centenares de procesos judiciales a sindicalistas y un renacer contra la libertad de expresión. Pero los sindicatos de clase, no sólo no fuimos barridos del mapa, si no que estamos remontando nuestra fuerza como demuestran los datos de afiliación y de las elecciones sindicales.

El dialogo empieza a resurgir y a dar sus frutos, pero es el momento de exigir la derogación de la reforma laboral. El gobierno de Pedro Sanchez tiene que aprobar y llevar al BOE los acuerdos alcanzados con los sindicatos en las mesas del diálogo social. No hacerlo supone generar frustración a la clase trabajadora y provocar el conflicto.

Ya no hay excusas para que la región de Madrid, la más rica de España, siga ahondando en desigualdades con un Gobierno del PP, apoyado en Ciudadanos, que no tiene el valor de repartir esa riqueza, que no tiene el valor de acabar con los regalos fiscales a los más ricos. Como en aquel 14-D, la situación es favorable para progresar. Luchar contra la desigualdad y un reparto justo de la riqueza, es posible. Es el momento.

Jaime Cedrún
Secretario general de CCOO de Madrid

Jaime Cedrún

Secretario general de CCOO Madrid

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