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Por la dignidad a pie de barrio

jueves 23 de noviembre de 2017, 08:53h

Quien dude sobre qué fue la Transición puede preguntar, o incluso leer un poco, sobre la reciente historia de Madrid y sus barrios. Casi dos años exactos tuvieron que transcurrir desde la muerte de Franco para que se legalizara la Federación de Asociaciones de Vecinos de Madrid, hoy Federación Regional de Asociaciones de Vecinos (FRAVM). Una prueba más de que el militar golpista murió en la cama y el franquismo en las calles. El pasado 2 de noviembre hemos celebrado que hace cuarenta años culminaba una historia de luchas y represión con la legalización de una pata fundamental para la llegada de la democracia.

A mediados de los años sesenta Madrid era infravivienda, chabolismo y barro. Alentados por las incipientes Comisiones Obreras y otras organizaciones de trabajadores; por esa iglesia de base, de curas obreros y por un Partido Comunista tan clandestino como activo, fueron surgiendo asociaciones de vecinos para clamar dignidad.

A finales de aquella década, miles y miles de personas se fueron asentando en las afueras de la capital y en los pueblos limítrofes del sur y el este de la región. Semidescampados en los que de noche se levantaban chabolas, porque si se fabricaban de día eran derribadas, se convirtieron en el caldo de cultivo humano y anónimo que empujó la democracia. En esos barrios luchadores estuvo el músculo, invisibilizado por la historia, que protagonizó la Transición.

En Palomeras Bajas se conformó la primera asociación en 1968 bordeando la legalidad. En dos años se crearon otras veinte asociaciones en barrios como Moratalaz, Orcasitas, San Blas, Puente de Vallecas…, y en municipios como Alcalá de Henares, San Sebastián de los Reyes, Leganés, Getafe... Los despachos de jóvenes abogados y abogadas, como los asesinados de Atocha, hervían redactando estatutos para las asociaciones vecinales, paralelamente a la FAMPA Giner de los Ríos (que también ha cumplido cuarenta años) y defendiendo sindicalistas, fundamentalmente de las clandestinas Comisiones Obreras.

“Dad a Dios lo que es de Dios y a los vecinos, las asociaciones que son de los vecinos”, rezaba un artesano cartel de la época en el tiempo en que estalló la chispa. En 1975, muerto Franco, el franquismo intentaba tomar posiciones. Quizá a día de hoy puede parecer mentira, pero la legislación dejaba a la ciudadanía al arbitrio de alcaldes impuestos y no mediante elecciones. Además, explotó el fraude del pan, que llevó a los barrios a la “guerra del pan”.

Aunque también a día de hoy pueda parecer mentira, hace cuarenta años el pan lo era todo. Era un alimento básico con precio regulado. El problema surgió cuando responsables políticos del franquismo ocuparon puestos en las asociaciones de panaderos y posibilitaron el fraude reduciendo el peso de la popular barra de pan, “la pistola”. Tras comprobar el fraude, las asociaciones explotaron en un momento en que, además, la inflación se desbordaba. Moratalaz se echó a la calle y se llevó a cabo un boicot.

Paralelamente, coincidiendo con la festividad de San Isidro de 1976, las asociaciones organizaron una excursión a Aranjuez. Una jornada fundamentalmente familiar y festiva, que también tuvo una parte reivindicativa. A la hora de volver a casa, la Guardia Civil, sin venir a cuento, realizó brutales cargas contra las personas congregadas.

La indignación era tan grande como la euforia. Los barrios eran una olla a presión en los que se luchaba por el pan, contra la carestía de la vida. Pero también por viviendas dignas, por asfaltar calles y aceras y evitar que niños y niñas murieran electrocutados, como sucedió en Móstoles por el estado de las farolas. Se luchaba por unos centros sanitarios que eran inexistentes, más allá del centro de la capital, porque las personas morían camino del hospital; como un niño que falleció también desangrado desde la misma localidad tras tener un accidente. Había que luchar por un transporte público cuando el coche privado era artículo de lujo al alcance de muy pocos. Se luchaba por espacios verdes en vez de lodazales y por la creación de escuelas o por libros de texto al alcance de unos bolsillos que estaban vacíos.

Momento clave sería la histórica manifestación que congregó a más de 50.000 personas en la madrileña calle Preciados el 22 de junio de 1976. Allí se clamó por todas las justas reivindicaciones de los barrios y por la Democracia.

Aún habría que esperar un año largo para la legalización de la Federación de las asociaciones vecinales. Una institución que hoy, con 277 entidades federadas y 120.000 personas asociadas, mantiene sus principios, atendiendo problemas no tan diferentes a los de entonces. La crisis revivió el asociacionismo vecinal y como nos explicaba su presidente, Enrique Villalobos, además de la puesta en marcha de comedores populares o roperos, las asociaciones hicieron una gran labor de terapia vecinal. La FRAVM tiene como pilar básico ser punto de encuentro con el objetivo de unir colectivos y abogar más por lo que une que por lo que separa, por lo que su existencia tiene todo el sentido y todo el futuro.

Como he señalado, las Comisiones Obreras de Madrid mantenemos, desde la inolvidable clandestinidad, una histórica relación con la FRAVM que ahora nos ha llevado a poner en marcha conjuntamente un nuevo servicio de asesoramiento en los barrios, dirigido a trabajadores y trabajadoras. El pistoletazo de salida ha sido hace un par de semanas en la Asociación de Vecinos Puente de Vallecas, pero seguiremos…

Jaime Cedrún
Secretario general de CCOO de Madrid

Jaime Cedrún

Secretario general de CCOO Madrid

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