La plaza de Chamberí ha sido remodelada una vez más y los vecinos ya pueden volver a disfrutar de este espacio limitado entre avenidas que tiene dos elementos singulares: una nueva fuente y el monumento a Loreto Prado. Esta figura tiene una pequeña historia que merece ser recordada. Lo primero que diré es que, fieles a la tradición madrileña, un monumento -o una fuente- no puede estar muchos años en el mismo sitio: hay que removerlos periódicamente. Loreto Prado no ha sido una excepción y en esta reforma se ha desplazado unos metros desde su anterior ubicación, que tampoco fue la original cuando se inauguró el 8 de octubre de 1944. Pero, por lo menos, no ha cambiado de plaza… Ahora está bajo los frondosos árboles desde los cuales las aves que se posan en ellos no dudarán en defecar sobre el monumento.
La estatua es una reproducción de la original, obra de Mariano Benlliure. No fue concebida para monumento callejero sino para adornar la sepultura de la actriz en el cementerio de Santa María. Loreto, enormemente popular durante más de medio siglo, había muerto el 25 de junio de 1943. Unos meses más tarde se inició una suscripción popular para erigirle un monumento, que fraguó en esta obra. Fue el último monumento callejero de Benlliure y es el único dedicado en las calles de Madrid a un actor o actriz. Mientras, la tumba de Loreto se desdibuja por la erosión.

Loreto, y su eterna pareja, Enrique Chicote, ya habían sido objeto de otro homenaje público por parte del Ayuntamiento. El 18 de enero de 1936 se descubrió la placa que daba su nombre a una corta calle detrás de la Gran Vía aunque, inicialmente, se pensó dedicarla en El Viso. De cualquier manera, esa plaza no guardaba ninguna relación con la artista, que había nacido en Malasaña y había muerto en la calle Mayor. El acto fue deslucido por una aparatosa tormenta. Hoy se localiza en esta calle el primer microteatro.
Muy cerca de este punto, casi enfrente de la plaza, cuando el actual paseo de Eduardo Dato se llamaba del Cisne, existió el cine-teatro de ese nombre, que también se llamó durante algunos de años, de Chueca.
La plaza de Chamberí ha sido objeto de reforma en varias ocasiones y no siempre a gusto de los vecinos. En 1985 se culminó un proyecto de Arturo Gordoqui que levantó en la plaza una arquería de ladrillo que fue fuertemente contestada y criticada. Tanto, que la nueva construcción no llegó a estar en pie ni una década. Una decisión municipal del 29 de abril de 1994 motivó la demolición de los arcos, dejando nuevamente un espacio totalmente diáfano. De paso, se construyó un aparcamiento subterráneo.

La remodelación, que se ha mantenido treinta años, quedó lista el 30 de octubre de 1995. Entonces se construyó la primera fuente circular con un elemento artístico: tres esculturas sobre rocalla, en bronce, de niños desnudos realizadas por José Luis Parés. Su firma puede verse en el glúteo de uno de los niños. La nueva fuente construida en la reforma no las incorpora, pero sí se han mantenido como elemento ornamental de la plaza en uno de los nuevos parterres.

Al coincidir la reapertura con la actual ola de calor, los niños de la zona no han dudado en utilizar la nueva fuente, que es totalmente accesible para ellos, como una zona de baño aprovechando el juego de surtidores.

Con el fin de dejar un gran espacio diáfano en el centro, se ha desplazado el templete a las inmediaciones del convento de las Siervas de María, fundado por Santa María Soledad Torres Acosta.