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Cuando Barcelona es el mundo entero

jueves 31 de agosto de 2017, 09:19h

“Ramla” es una palabra árabe que, castellanizada y catalanizada, evolucionó en “rambla”, ese lugar por el que discurre el agua de lluvia, por donde discurre, por tanto, la vida en su forma más esencial. La trágica paradoja es que la muerte, el terror y el sinsentido viajaron a lo largo de quinientos metros de la rambla más multicultural, colorida y alegre del mundo en pleno mes de agosto. Barcelona, ciudad cosmopolita y tolerante es el mundo entero y por ello el irracional salvajismo se cebó con ella y la vecina Cambrils.

Han transcurrido ya dos semanas y he querido prorrogar el silencio que desde las Comisiones Obreras, junto a UGT y las organizaciones empresariales, convocamos horas después del atentado en centros de trabajo y plazas de toda España.

Hay ocasiones en que el grito más desgarrador debe ser el silencio. Un silencio tan atronador como respetuoso; tan solidario como acogedor; un silencio humanista y universal que abraza a las víctimas, a sus familiares, a sus amistades.

El pasado 18 de agosto expliqué que cuando hay un atentado salvaje, del tipo de terrorismo que sea, es fundamental mantenerse firmes y ser extraordinariamente solidarios con las víctimas y sus familiares. Solidaridad con Barcelona, con Cambrils, con todo el pueblo catalán, al igual que ese pueblo se solidarizó con el de Madrid tras el 11-M.

Solidaridad extensiva a todo el mundo, pues estamos hablando de víctimas de treinta y cinco países. Ello sin olvidar que la mayoría de atentados de este tipo se suceden en Oriente Medio, fundamentalmente en Siria e Iraq.

Nuestro grito del silencio ha querido ser también un mensaje muy claro de firmeza en defensa de la libertad; hemos clamado que no tenemos miedo y que vamos a defender nuestra forma de vida, los derechos humanos, con uñas y dientes.

Frente al moderno terrorismo global y low cost que, en palabras de Sami Naïr intenta “utilizar el mundo entero como campo de guerra” aunque paradójicamente tenga como principales víctimas a los propios islámicos, nuestro horizonte debe seguir siendo la defensa global del internacionalismo.

Para aportar soluciones hay que plantearse preguntas y yo me cuestiono cómo es posible que chavales de 20 años o menos, supuestamente integrados en la sociedad, lleven a cabo barbaridades de esta magnitud. La respuesta que yo encuentro es que el terrorismo global es una consecuencia de la situación global. Una situación de desequilibrios, injusticias, explotación y guerra que se ha intensificado con la hegemonía del capitalismo ultraliberal internacional. Por eso nuestro grito de rechazo al terrorismo yijadista y nuestro compromiso en combatirlo, viene acompañado de una denuncia del caldo de cultivo que permite germinar su simiente.

Más allá de una necesidad de educación en valores, porque nadie nace odiando a nadie, debe redoblarse el esfuerzo internacionalista por unir, por unificar y no dispersar a la clase trabajadora y las personas más desfavorecidas en reinos de taifas. Nuestra patria, la patria de la inmensa mayoría de quienes poblamos el mundo, es la del trabajo, la de los desfavorecidos, la de los parias. Y defenderla es el gran reto de la clase trabajadora, superando las trampas que nos pone en el camino la vuelta a los enfrentamientos nacionalistas que han repuntado con la crisis.

Parece que los poderes quieren llevar a este mundo tan hiperconectado como banal a la época de las Cruzadas. La ecuación fanatismo religioso y patriótico, más intereses económicos nunca han sido buena cosa para la humanidad, pero es característica humana no aprender de los errores.

En estos días de pena y tristeza siempre nos quedará el chispeante García Lorca con sus palabras dedicadas a las Ramblas: “Toda la esencia de la gran Barcelona, de la perenne, la insobornable, está en esta calle que tiene un ala gótica donde se oyen fuentes romanas y laúdes del quince y otra ala abigarrada, cruel, increíble, donde se oyen los acordeones de todos los marineros del mundo y hay un vuelo nocturno de labios pintados y carcajadas al amanecer”.

Ni a Barcelona ni al mundo nos robarán esas carcajadas al amanecer.

Jaime Cedrún
Secretario General de CCOO de Madrid

Jaime Cedrún

Secretario general de CCOO Madrid

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