www.madridiario.es

El misterio de la Plaza de España

domingo 31 de enero de 2016, 19:32h

Aprovechando el desbarajuste climático que templa el invierno, avanzada ya la mañana, paseaba yo por mi entorno cotidiano. En una esquina privilegiada de la avenida principal, ocupada ahora por un comercio de artículos y baratijas chinas, algo había cambiado recientemente. Pegados a las cristaleras de sus abarrotados escaparates, varios cartelones repetidos anunciaban la quiebra del negocio: “LIQUIDACIÓN POR CIERRE”. Tal novedad me sorprendió.

A los pocos días, muy cerca de mi casa, otro establecimiento oriental, dedicado a la venta de papelería diversa y útiles de escritorio, comunicaba a sus posibles clientes la clausura definitiva del local. A lo largo de los últimos años he visto como desaparecían en mi barrio muchas tiendas tradicionales, víctimas todas ellas de la peste económica y de la renovación generacional que va cambiando los usos y costumbres del vecindario.

Muchos de los bajos, en venta o en alquiler, aún permanecen vacíos, pero otros han sido ocupados por comerciantes asiáticos o indúes. Abren a todas horas, sus contados dependientes trabajan a destajo y venden a buen precio todo tipo de mercancías, desde ropa y calzado hasta frutas y verduras. Todo aquello que usted puede necesitar en algún momento del día, se puede encontrar en alguno de esos bazares. Vista la capacidad de adaptación al medio de tan exóticos tenderos y su acreditada paciencia milenaria, me resultó muy raro que alguno de ellos fracasara en el intento. También ellos tiran la toalla.

Todo lo que acabo de contarles puede parecer una anécdota, pero los abandonos descritos me recuerdan el embrollo que rodea a la remodelación del edificio España en la plaza del mismo nombre. Los chinos de Wanda pretendían gastarse una pasta gansa en esa operación inmobiliaria. Adoctrinados en la lógica del capitalismo de estado, los nuevos propietarios proponían al Ayuntamiento derribar el monumental inmueble o vaciarlo por dentro. En la segunda de las disyuntivas, por imperativo legal, mantendrían en pie la fachada principal.

Las autoridades municipales rechazan la primera de las propuestas y temen que una portada de 117 metros de altura, colgada a la intemperie de un andamiaje tan colosal como inverosímil, se venga abajo en condiciones extremas. Tal disparidad explicaría, según parece, el misterio de la Plaza de España. Un servidor de ustedes no entiende ninguna de las dos posturas. Me explico. ¿Por qué no les cuadra a los chinos la estructura actual de un edificio que ya albergó en su día un hotel de cinco estrellas y numerosos centros comerciales? ¿Qué demonios pretende edificar Wanda en el solar resultante del derribo? ¿Qué aspecto y que dimensiones tendría la nueva construcción? Poco o nada sabemos los ciudadanos de este asunto.

Por lo que respecta al Ayuntamiento de Madrid, yo pregunto: ¿Es imprescindible preservar una muestra de la arquitectura totalitaria e imperial que caracterizó el desarrollismo franquista? ¿Sería un desafuero tirarlo y levantar en su lugar una torre representativa del Siglo XXI? Doctores tiene la Iglesia, que diría un castizo de nuestros madriles. Mientras se resuelve el conflicto, continúa paralizada una inversión de miles de millones de euros, la creación de miles de puestos de trabajo estables y la regeneración urbanística de uno de los lugares más bellos y emblemáticos de Madrid. Si aún estuviéramos a tiempo de resolver el problema, sería muy conveniente que ambas partes pactaran una solución. Tonificaría el músculo de nuestra economía local.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)


Normas de uso

Esta es la opinión de los internautas, no de Madridiario

No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.

La dirección de email solicitada en ningún caso será utilizada con fines comerciales.

Tu dirección de email no será publicada.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.