Lamentable
Por
Pedro Fernández Vicente
viernes 29 de enero de 2016, 11:39h
Lamentable es este último episodio que estamos viviendo de la corrupción en Valencia. Es inaceptable que esa gente haya tenido tanto poder y haya mandado durante tanto tiempo. ¿Quién lo ha tolerado? Valencia y Cataluña se parecen mucho. La familia Pujol, un caso similar, una imagen que pasa todos los días por delante de nuestras narices sin que el juez dé un paso al frente y encarcele a todos. Y eso que ahora considera que están ocultando datos para obstruir la investigación.
El caso de Valencia no le va a la zaga. La operación Taula es el golpe final a Rajoy para esta legislatura que empieza. Este nuevo caso de corrupción pone al alcance de la mano todas las excusas que necesitaba Pedro Sánchez y el PSOE para negar ese pacto que tanto añora D. Mariano.
Que Rajoy sea Presidente del Gobierno ahora va a ser imposible. Por más que queramos hacer esfuerzos para apoyar esa coalición, la realidad es tozuda y lo impide. Pero hay una posibilidad. Ya que Rajoy pide altura de miras, pensar en España y no en el partido ni en el ascenso personal, quizá, ha llegado el momento de pedirle esa misma reflexión a él porque el pacto sigue siendo posible cambiando algunas cosas. Si se llegara a un acuerdo para la investidura se podría caminar combinando las fuerzas de los tres sin que ninguno de los dos “enemigos”, que lo son, Sánchez y Rajoy, tengan que ver al otro ocupando la Moncloa. Ambos podrían ponerse de perfil y hacer un servicio al país de incalculables consecuencias pero, en este caso, positivas. El acuerdo político con base suficiente para gobernar durante un tiempo limitado y con un programa de actuaciones necesarias y urgentes, marcadas de antemano, llevaría a Rivera a la Presidencia de un gobierno con dos Vicepresidentes uno nombrado por el PSOE y otro por el PP.
Lógicamente esta fórmula no implicaría la desaparición de Sánchez ni de Rajoy. Simplemente sería dejar gobernar durante ese lapso de tiempo marcado en el acuerdo que serviría, quizá, para reformar la ley electoral, entre otras cuestiones, y convocar a las urnas una vez cumplido el programa de gobierno pactado por las tres fuerzas parlamentarias. Convocatoria a la que podría volver a presentarse sin tantas tensiones los mismos líderes en ambos partidos.
Una fórmula que evitaría la llegada al poder de un partido como Podemos cuyas intenciones son de todos conocidas aunque ellos sean unos maestros en la ocultación de su auténtica hoja de ruta. Y hay más. Un partido con muchas cosas por aclarar, según los medios de comunicación, en cuanto a corrupción. Tantas que sin haber gobernado ya acumulan justificaciones que nadie aborda. Se corre una cortina de desprecio, pero ahí están las informaciones que todos podemos ver.
Una cosa está clara: posibilidades de pacto hay, si hay o hubiera altura de miras y voluntad política de poner al país por delante de los intereses personales, porque son intereses personales, ni siquiera de partido, lo que vemos a diario.
Pedro Fernández Vicente