En esta primavera electoral las promesas florecen como amapolas. La candidata a la alcaldía de Madrid, Esperanza Aguirre, que nunca olvida que su primer puesto de responsabilidad pública fue el de concejala de Medio Ambiente, en el gobierno de Alvarez del Manzano, recupera ahora su vieja idea de plantar árboles en el kilómetro cero de la ciudad.
La Puerta del Sol no se llama así porque resulte imposible encontrar una sombra en la severa canícula del estío madrileño, sino porque, siendo punto de cita, de encuentro y distribuidor peatonal de ocho calles, no tiene un solo árbol, salvo en época navideña, que tiene un abeto, y que desde hace unos años, es sintético. Esperanza Aguirre promete ahora, que si llega a ser alcaldesa, la Puerta del Sol será un espacio arbolado, con sus sombras y sus pajaritos, su naturaleza viva. Ya lo propuso cuando era presidenta de la Comunidad, y desde su despacho de la Real Casa de Correos, observaba el panorama que en su sequedad se parecía al de una plaza del pueblo mesetario, pero con coches, ruidos y prisas. Pero por aquel entonces, el alcalde Gallardón hizo oídos sordos.
La Puerta del Sol nunca ha tenido árboles. En alguna etapa, sólo grandes macetones decorativos con arbolitos de pequeño tamaño y raíces encerradas en cajones, ni siquiera cuando en este espacio hubo uno de los mentideros de la villa más concurridos, el de las gradas de San Felipe. Admito que no es fácil plantar árboles en la Puerta del Sol, porque sus raíces terminarían encontrándose con la catenaria del Metro o las conducciones de servicios en el subsuelo. Pero cuando Aguirre promete plantación de árboles, es porque la técnica verde puede permitirlo, y habrá alguna parte en la que puedan echar raíces, dar sombra a la Mariblanca, al oso y al madroño y proyectar su sombra sobre el lugar que indica "Kilómetro Cero"...también de la partida electoral.