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Smiley: chico encuentra chico

martes 18 de noviembre de 2014, 10:30h
Actualizado: 18/11/2014 10:42h

'Smiley' es una sencilla producción teatral que se estrenó en una pequeña sala de Barcelona el año pasado. Y logró interesar a cientos de espectadores y a la crítica especializada. Así que el espectáculo fue creciendo y hace pocas semanas llegó a Madrid. Ahora se ofrece en el teatro Maravillas los viernes y sábados, en la última sesión. Se mantiene en el reparto Ramón Pujol y se ha incorporado Aitor Merino.

  • 'Smiley', en el teatro Maravillas
    Antonio Castro

  • Ramón Pujol y Antonio Merino, protagonistas de

    Ramón Pujol y Antonio Merino, protagonistas de 'Smiley'
    Antonio Castro

  • 'Smiley', en el teatro Maravillas
    Antonio Castro

Guillem Clúa, autor y director, ha creado una comedia de corte clásico. Pero en ella el chico no encuentra chica, sino a otro chico. Y resulta igual de romántico, divertido y tierno. Para el desarrollo de la acción se sirve de las nuevas tecnologías, de las redes sociales, de las 'apps'. Desde que se inventó el teléfono, los argumentos teatrales tuvieron que modificarse. Los personajes no podían estar ya semanas en la ignorancia de un hecho trascendental, esperando que una carta lo comunicara. Los tiempos cambiaron. Lo mismo sucede con internet. Alex, camarero musculoso de un bar de 'ambiente', utiliza las múltiples aplicaciones telefónicas para ligar. Pero un mensaje, dejado en un número equivocado, le permite conocer a Bruno, su antítesis. Y, a partir de ahí, la comedia entra en esquemas clásicos. Parece que no tienen nada en común, que hasta se repelen. Pero subyace un interés involuntario. Y, habiendo caído en las garras del deseo, o sea, del sexo,se niegan a admitir que puede haber entre ellos algo de amor. Después del primer encuentro los dos hacen lo posible para negar lo evidente, hasta emparejarse con otros. ¿Acaba triunfando el amor? La respuesta en el teatro.

Los diálogos son ágiles, con momentos brillantes y con mucho humor. Está claro que todos buscan divertir al espectador y lo consiguen sin esfuerzo. Los dos personajes son tan entrañables que, a quienes enamoran realmente son a los espectadores. En el montaje tienen suficiente con la barra de un bar y dos sillones. Es un juego de actores sumamente eficaces y entre los que fluye la comunicación. Dan vida a dos gays de manual: el atractivo musculoso que triunfa siempre pero que acaba en soledad, y el tímido "tirillas" que no cree que nadie vaya a interesarse por él. El trabajo interpretativo es estupendo y los dos actores tienen numerosas ocasiones de lucimiento.

El público espera con interés el desenlace y, cuando llega, aplaude frenéticamente. ¿Por qué? Averígüenlo.

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