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De profesión, escrache

Por Ángel del Río
lunes 17 de febrero de 2014, 09:56h
Actualizado: 04/11/2015 13:29h

A partir de la polémica sentencia de la Audiencia Provincial de Madrid, me cuentan que está a punto de nacer "Escraches sin Fronteras". Ignoro si se trata de una ONG sin ánimo de lucro o de una empresa de servicios que en plan profesional trabajaría a favor de aquellas personas o colectivos interesados en montar una bronca a la puerta de la vivienda de un político, a la entrada del colegio de su hijo, o cuando la señora acuda a la peluquería. Si la sentencia de la Audiencia Provincial de Madrid dice que el acoso sufrido por la vicepresidenta del Gobierno, Sáenz de Santamaría, a las puertas de su casa es "un mecanismo ordinario de participación democrática de la sociedad civil y expresión de pluralismo de los ciudadanos", a partir de ahora la fiebre por los escraches se puede convertir en epidemia; pasarán a mejor vida las manifestaciones, concentraciones y sentadas. Serán ya viejos usos de protesta, porque el escracher es una forma más directa y dolorosa de jorobar al político, al empresario, al sindicalista o al juez, a la puerta de su casa, o tocándoles en el ámbito familiar con amenazas nada veladas, acosos evidentes o coacciones directas que se amparan bajo la frase de: "mecanismo ordinario de participación democrática de la sociedad civil y expresión de pluralismo de los ciudadanos".

Escrache se puede convertir en una profesión; quizá llegue a tener un módulo de formación, con sus cursos teóricos y prácticas en la calle, como en el caso del carnet de conducir, incluso se editará el Manual del Buen Escrache, y llegará algún día en el que, cuando se pregunte: "¿Qué quiere ser el niño de mayor?", la madre orgullosa, responda: "¡Escrache".

Ángel del Río

Cronista Oficial de Madrid y Getafe

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