Eurovegas es el segundo gran zarpazo que este maldito 2013 le da a la Comunidad de Madrid. El primero fue el pasado mes de septiembre, cuando nos caímos del burro de nuestra ingenuidad de olimpismo puro, y nos dimos de bruces con la realidad de que la organización de unos Juegos Olímpicos no se gana con la mejor candidatura, ni con las máximas garantías de realización de infraestructuras, porque lo que requieren los intereses de algunos son proyectos por realizar, y en consecuencia, por negociar, y la mejor candidatura sólo sirve para ser la favorita hasta que la votación final demuestra que quien se lleva el gato al agua es quien mejor conoce este ambiente del olimpismo, del COI, sus entresijos y maniobras para conseguir los votos por encima de la calidad de la candidatura presentada.
En el caso de Eurovegas quizá pecamos de un exceso de entusiasmo y adolecimos de un poquito de prudencia, porque este tal Adelson no es un empresario convencional, sino como un tendero de barrio antiguo, pero a escala faraónica, capaz de encantar serpientes, fabricar sueños y después intentar cobrar por ello un botín imposible. Alcorcón, la Comunidad de Madrid, España incluso, ha perdido de la noche a la mañana, la mayor inversión privada de toda su historia y de Europa, pero ha conservado su dignidad, con la que ya sabemos que no se come, pero al menos sirve para dejar a claro a los especuladores como Adelson, que no todo tiene un precio y que no todo se puede comprar a cualquier precio, porque lo que exigía el magnate de Las Vegas Sands para instalar su complejo en Alcorcón, era inasumible por parte de un gobierno democrático; y de haberlo hecho, Europa nos habría pasado factura. Que se vaya Adelson son sus exigencias chantajistas a otra parte y nos deje con nuestros sueños rotos, porque más vale seguir de pie en la cola del paro, que vivir de rodillas bajo la ruleta rusa-americana de mister Adelson.