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La dimisión

miércoles 06 de noviembre de 2013, 10:50h

La dimisión es un ejercicio voluntario. Nadie puede ejercerla salvo uno mismo. Se inventó para resarcir a quienes se sienten ninguneados, desautorizados, humillados en el ejercicio del poder. La dimisión es, por tanto, parte de la responsabilidad individual de todo cargo por cuenta ajena.

Uno dimite cuando se equivoca tanto que se convierte en el hazmerreír de la gestión empresarial o administrativa. Se dimite porque tu jefe deja de confiar en ti y permite que los iguales o, incluso, los inferiores lleven a cabo sus proyectos mientras se impide que ejercites tus iniciativas que, en muchas ocasiones, pueden ser mejores.

Si entramos en política la dimisión, que es uno de los ejercicios menos utilizados de todos los que forman parte de la batería de posibilidades, se debería utilizar en aquellos momentos en que la equivocación, la rectificación, la marcha atrás o el error puro, coronan una gestión. Es verdad que no se hace, pero se debería. Y cuando digo que se debería poner el cargo a disposición de quien nos nombró, me acuerdo del Ministro de Educación. José Ignacio Wert acaba de dar marcha atrás con la decisión de cambiar las reglas de los Erasmus a mitad de ciclo y lo ha hecho bien. A nadie se le escapa que quitar las subvenciones, por pequeñas que sean, ahora, a mitad de curso, es una trampa indigna de un gobierno. Por lo tanto ha hecho bien en dar marcha atrás. Pero en política una desautorización como la que acaba de recibir, sospecho, nos debería indicar el camino de la dimisión. Digo sospecho, porque la rectificación ha sido tan rápida y sin tiempo a la reacción que me hace pensar que no ha partido del ministro. Así que...Ya vimos bastante inseguridad en el hombre fuerte, por el momento, del ministerio de la educación cuando al asomar la ley y pasados unos días de protesta ofrecía a diestro y siniestro diálogo para cambiar aquello que se pudiera cambiar.

Wert es un miembro gubernamental muy protestado. Quizá le ha tocado bailar con la más fea pero hay que saber torear estas situaciones para consagrarse en política y los que no saben dar la respuesta adecuada, tienen los días contados. Y ese es el tema. Que José Ignacio se ha quemado. Por unas y otras cuestiones solo le queda dar por finalizado el recorrido político.

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