Siempre se ha dicho que los carteristas eran los artesanos del mangui, mucho más discretos y refinados a la hora de birlarte la cartera que esos otros delincuentes que actúan con violencia y son capaces de arrancarte un dedo para llevarse un anillo. Si mi cartera tiene que caer en manos ajenas, prefiero que lo haga un profesional del carterismo, un artesano de guinde, porque ni me voy a enterar; lo prefiero, antes de que lo haga uno de esos delincuentes burdos que para aligerarte de peso te ponen una navaja en el cuello.
En cualquier caso, a nadie le gusta que le vuelen la cartera, aunque sea de forma limpia y pacífica. Tradicionalmente el Metro de Madrid ha sido el lugar preferente de trabajo para los carteristas, sobre todo desde los años cincuenta, cuando estaban perfectamente organizados y tenían como jefa a Esperanza Castejón, conocida como la Chata de Vallecas, que movía a su tropa de arramblacarteras entre las estaciones de Atocha y Puente de Vallecas.
Hace unos días, la policía detuvo a tres de estos carteristas de las profundidades, dicen que de los más reputados en cuanto a historial delictivo se refiere. El juez les ha retirado de la circulación durante seis meses, a partir de una orden de alejamiento que impide que estén a un metro del viajero del Metro, eso si no pasa como con el clan de las bosnias, que la Audiencia Provincial revocó la orden de alejamiento impuesta por el juez contra estas peligrosas carteristas, lo que demuestra que las señorías de la Audiencia viajan poco en Metro, o que nunca se les ha acercado un carterista por respeto a sus puñetas.
En fin, que los carteristas siguen siendo parte de ese microcosmo de ciudad subterránea que es el Metro; parte de su paisaje y de su paisanaje, quebradero de cabeza de los viajeros, manos que sobrevuelan el nido de la cartera con la rapidez y el sigilo de una rapaz inteligente. Los hurtos que cometen, pese a su reincidencia, no son delito, y es difícil que acaben entre rejas; así que volverán a sus asuntos, es decir, a actuar en el Metro, cuando cumplan la orden de alejamiento, si no es que antes se lo permite la Audiencia Provincial.