Desde la Edad Media hasta hace pocos años, la vega del río Tajuña estuvo salpicada de molinos harineros que aprovechaban la fuerza del agua para su trabajo. Poco a poco, aquellos molinos fueron desapareciendo, pero aún hoy en día, a tan sólo 35 kilómetros de Madrid, en Morata de Tajuña queda en pie un molino de agua, que se ha convertido en museo de la Molinería.

La vega del río Tajuña, desde su nacimiento en Maranchón (Guadalajara), llegó a tener 24 molinos de agua en sus riberas entre los siglos XVIII y XIX. "Concretamente, en Morata de Tajuña había cuatro molinos de agua, donde los vecinos iban a moler sus cereales", dice el encargado del Museo de la Molinería y antiguo molinero, José Manuel Sánchez.
De esos cuatro molinos, en la actualidad tan sólo queda uno en pie, el conocido como Molino de Angulo, donde precisamente se ubica el Museo de la Molinería. "Morata de Tajuña no tiene nada turístico, pero al ver que este molino estaba bastante bien conservado, el Ayuntamiento entendió que podía tener mucho tirón conocer cómo era un molino por dentro, ya que es una tradición que se está perdiendo", explica la concejala de Cultura, Pilar López.

El Molino de Angulo se ha mantenido en bastante buen estado de conservación porque se estuvo usando hasta hace pocos años. "En este molino se dejó de moler de manera oficial en 1966, aunque se siguió moliendo hasta 1986, pero sólo para los animales de la finca. Luego se usó como almacén", recuerda Sánchez.
Puesto que estuvo funcionando hasta hace relativamente poco tiempo, los visitantes aún pueden ver cómo se muele el cereal gracias a la fuerza del agua del río Tajuña. "Como el molino es tan antiguo sólo se pone en funcionamiento cuando se forman grupos grandes, porque si lo pusiéramos en marcha cada vez que viene una persona, las piezas, que son viejas, terminarían por romperse", argumenta el encargado del Museo.

Aunque su estado era bastante bueno cuando el Ayuntamiento de Morata de Tajuña lo adquirió en 1998 se tuvieron que restaurar las piezas y el edificio para adaptarlo como museo. Para ello se usaron planos y documentos del siglo XVIII y se dejó tal cual estaba en aquel siglo, la época dorada del molino.
"Se respetó al máximo la estructura del antiguo molino para que la gente pudiera ver cómo era", asegura la concejala de Cultura y añade que "falta por restaurar lo que era la antigua casa del molinero que queremos que se convierta en una casa rural o en un albergue municipal".
Al cabo de la semana, el Museo de la Molinería recibe unas 100 visitas de media. Entre semana, sólo hay visitas concertadas de colegios. "Vienen principalmente grupos de escolares, para conocer el antiguo oficio del molinero", dice el encargado del Museo. Para el público en general, está abierto los viernes por la tarde y los fines de semana y la entrada es gratis. Además, como es uno de los pocos molinos que quedan en pie y que funcionan en la región, está incluido dentro de la Semana de la Ciencia.
El molino por dentro
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José Manuel Sánchez es quien se encarga del mantenimiento del Museo de la Molinería y de la finca donde se ubica. Y es que es quien mejor conoce el molino. Además de ser vecino de Morata de Tajuña de toda la vida, desde los nueve años estuvo trabajando en el Molino de Angulo. Además, a menudo José Manuel da las explicaciones a los grupos escolares y es quien se encarga de hacerlo funcionar ante las visitas.

Hasta 1998, el Molino de Angulo fue de propiedad privada. Tras pasar por varias manos desde su construcción en el siglo XVI, entre ellas a la familia Angulo que es quien le da nombre, en el último siglo perteneció a los Mac Crohon, una importante familia de Morata. En sus instalaciones se podía moler todo tipo de grano. Pero también "el molino generaba energía eléctrica para todo el pueblo. En el siglo XVIII, se generaba tanta energía como para encender una bombilla en cada casa de Morata", explica el antiguo molinero.

Lo que es actualmente un salón de actos era antiguamente la sala de máquinas. "En los siglos XVII-XVIII, aquí había máquinas de vapor para hacer funcionar el molino cuando no había agua en el río. Sobre todo se utilizaba en verano, cuando el agua era más escasa. La chimenea se usaba para sacar el humo de esas máquinas", sostiene Sánchez.
Dentro del Molino de Angulo en realidad había cuatro molinos: dos que funcionaban con turbinas y dos de regolfo, que eran los antecedentes de los anteriores y que en la actualidad se puede ver funcionar. Asimismo el museo contiene diferentes aperos de labranza que se usaban en el campo antes de la llegada de las máquinas, así como otros utensilios que se empleaban en el molino como los instrumentos que se utilizaban para picar las piedras del molino.