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Madrid, de mendigos y falsos tullidos

lunes 20 de mayo de 2013, 00:00h
Actualizado: 04/06/2013 11:26h
Madrid es la cara y la cruz. Es el escaparate de la modernidad, del dinamismo, de la atracción turística. Y es al mismo tiempo el escaparate del trastero que da a la calle, y que nos ofrece una variada muestra de esa otra cara de la sociedad madrileña: la de la pobreza, la indigencia, la mendicidad. Y hay puntos donde ambos escaparates comparten espacio. Pongamos que hablo de la plaza Mayor, que es el retablo variopinto donde se dan cita los turistas para pasear el adoquinado, fotografiar los monumentos, saborear la gastronomía típica y proveerse de souvenirs, y donde se dan cita los sin techo, los menesterosos, mendigos, pobres de solemnidad que extienden cartones para dormir en los soportales de la plaza o en las bocacalles, dormitorios al aire libre con retrete al aire libre, una imagen indeseable pero inevitable, porque forma parte de la fauna urbana, de los gozos y las sombras de esta ciudad.

Esto siempre ha sido así, sigue siendo e irá en aumento en la medida que la crisis económica siga cabalgando por las cifras del paro, porque lo que sí ha cambiado es el perfil del mendigante, del sin techo, que ya no es el indigente a la antigua usanza, el pobre de solemnidad, sino que ahora es el individuo que hasta ayer formaba parte de la sociedad productiva y al que el desempleo ha dejado varado en la geometría urbana.

Hay muchos indigentes, menesterosos, desvalidos, tullidos, dejados de la mano del destino que piden en los semáforos y duermen en la calle. Pero también la picaresca se hace fuerte en estas circunstancias y surgen las pequeñas mafias que explotan al ser humano, tanto en la mendicidad callejera como en la prostitución o la delincuencia. Aparecen las bandas de falsos tullidos que arrastran su cojera por los semáforos, intentando golpear las conciencias de los conductores, y que una vez acabada la jornada, vuelven sus pasos a la normalidad, la cojera desaparece milagrosamente y caminan a ritmo vertiginoso hasta que al día siguiente tengan que volver a mostrarse públicamente tullidos.

Esta es la corte de los milagros, la ciudad de las mil caras, el rompeolas de las Españas, la ciudad y los perros, la ciudad y la gente guapa, la ciudad plural. Siempre Madrid.
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