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Excesos que ocultan la realidad

lunes 13 de mayo de 2013, 00:00h
Actualizado: 27/05/2013 17:34h
 

Parecía un Pleno más de la Asamblea de Madrid, pero no lo fue. Se esperaba una sesión parlamentaria normal en un jueves algo especial para miles de personas empeñadas en que la realidad de la sanidad madrileña, amenazada por maniobras en la oscuridad para privatizar poco a poco este servicio público tan útil para los pacientes preocupados por la impaciencia de los que quieren cuadrar las cuentas a martillazos, centrase la actualidad informativa.

Las miles de mesas colocadas en hospitales, centros de salud y calles de los pueblos de la Comunidad esperaban las últimas firmas de los participantes en la consulta ciudadana sobre la externalización de la gestión sanitaria. Casi un millón de personas hemos participado en este referéndum. Somos ciudadanos que queremos que nuestra voz cuente y que todo el mundo sepa que, si se hace, será sin nuestro consentimiento. Ese mismo día, miles de madrileños salieron a la calle para protestar contra la reforma educativa que pretende el ministro Wert y que el Ejecutivo presidido por Mariano Rajoy ha dejado para otra semana. Muchos esperábamos que el Pleno de la Asamblea de Madrid sirviese para poner de manifiesto lo que cientos de miles de madrileños opinan sobre la iniciativa del consejero de Sanidad, Javier Fernández Lasquetty, y para ser de altavoz de la realidad de la sanidad y del rechazo de médicos, enfermeras y demás trabajadores de la Sanidad Pública. No sucedió así. Es verdad que la oposición colocó en el orden del día numerosas iniciativas sobre este asunto, pero la noticia no estaba ahí, debieron pensar los promotores de esta iniciativa apoyada por el PP, que se vio favorecido por los excesos cometidos por muchos. La diputada del PSM Maru Menéndez fue expulsada del Pleno por un exceso verbal al llamar corrupto -cuando no venía a cuento porque su pregunta a Lasquetty tenía que ver con la jubilación forzosa de médicos con mucha experiencia y sabiduría para ahorrar dinero- al presidente regional, Ignacio González, quien se levantó del escaño para denunciar la corrupción de acusar sin argumentos. El presidente de la Cámara regional, José Ignacio Echeverría, se excedió al castigar cuando el follón ya había concluido, y se excedieron todos los que insultan y llaman fascista a todo el que no comparte sus criterios. Lo consiguieron. La noticia de la realidad de la sanidad fue ocultada por la expulsión de Menéndez, quien queriendo o sin querer  hizo un flaco favor a la causa que dice defender y uno muy grande al PP, que salió del Pleno como victima y no como responsable de que la marea blanca saliese a la calle para defender derechos recortados por la crisis y las soluciones de los que  creen que sólo se sale de esta situación con sus recetas, que por cierto ahogan al paciente y retrasan la curación. Lo único positivo del juego de los excesos fue que el Pleno terminó a hora decente y no de madrugada, ya que los diputados del PSM y de IU abandonaron el hemiciclo y las iniciativas parlamentarias de estos dos partidos decayeron. Cuando ya abandonaba la sede del Parlamento de Vallecas, la llamada de un amigo me entristeció aún más de lo que ya estaba. Se oían ruidos de fondo, que venían de la manifestación contra la intención de Wert de legislar en educación a su manera. La voz tomada indicaba que nada bueno le había pasado. Había sido insultado y vejado por un grupo de manifestantes poseedores de la verdad revolucionaria que le afeaban su pertenencia al PSOE. Estos intolerantes no respetan las ideas de los demás ni la edad. Mi amigo Rafa Merino, un viejo luchador de 70 años y exconcejal socialista del Ayuntamiento de Madrid, había sido increpado sin más razón que su sinrazón preñada de excesos. Coincido con él cada miércoles en la tertulia de Tele K “Todo por la Kausa”, es mi amigo desde hace muchísimos años, tenemos opiniones no siempre coincidentes sobre algunos temas y casi parecidas en muchísimos más asuntos.

Afortunadamente, los excesos de los intolerantes que estaban en la misma manifestación a favor de la educación pública no salieron a relucir  y no empañaron la denuncia de la triste realidad educativa por la que pasamos. Desgraciadamente, los excesos de los que quieren ser noticia usando vocablos que sólo sirven para llamar la atención consiguieron desviar la atención de la realidad sobre la amenaza privatizadora que se nos acerca. Triste día de excesos que sólo persiguen caldear el ambiente sin tener en cuenta a los que defienden ideas y ponerse ellos mismos, los excesivos, por delante de la realidad para ser protagonistas de la nada.

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