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miércoles 24 de abril de 2013, 00:00h
Actualizado: 07/05/2013 10:39h
Estación de Sol-Vodafone; línea 2-Vodafone. ¿Chocante? Pero real. Es el resultado del último convenio firmado entre los responsables de Metro y la empresa de telefonía móvil. Una vía abierta para obtener ingresos extra, tan necesarios en estos momentos de penuria, pero ¿un camino correcto? Seguro que hay muchas opiniones, y para todos los gustos. Pero ponerle un nombre comercial a una estación de un transporte tan público como el Metro suena, como poco, raro.
Los responsables políticos lo tienen claro: en tiempos de escasez, hay que buscar nuevas vías de financiación. Y esta de la publicidad no es más que otro camino a explorar. Claro que las posibilidades que se abren resultan inquietantes. Por ejemplo: ¿se imaginan el juego que puede dar la conocida estatua del Oso y el Madroño, en plena Puerta del Sol y rodeada de turistas por todas partes? Podría “alquilarse” por meses; en primavera, aparecería el oso con bolsas de centros comerciales, como si viniera de hacer “shopping”; en los meses más tórridos, en lugar de tomar un fruto del madroño, podría habilitarse una botella de refresco, como elegante publicidad (muy poco) subliminal. Podrían hasta confeccionársele un fondo de armario con distintos modelos –como tiene el Manneken Pis de Bruselas-, para adecuarlo a cada anunciante.
En el capítulo inmobiliario, las posibilidades son casi infinitas: ¿qué tal un rótulo luminoso de una tienda de deportes en el balcón histórico de la Real Casa de Correos? ¿Y porqué no llamar al Teatro Real, por ejemplo, Teatro de la Ópera-Cofidis? Si todo está en venta, si la rentabilidad económica es el único valor que cuenta, si ganar un dinerito extra es el objetivo a conseguir, este camino de la publicidad puede ayudar a redondear los presupuestos públicos. Malos tiempos para la lírica.