www.madridiario.es

Baile de estatuas

viernes 08 de febrero de 2013, 00:00h
Actualizado: 19/02/2013 13:18h
Como se informa en otra sección de este diario, los cronistas de la villa fuimos consultados por el área de Las Artes sobre la nueva colocación de la estatua a Felipe II. Yo fui uno de los que defendió su traslado a la plaza de la Villa, por considerarla corazón del Madrid histórico. También sugerí su colocación en el final de la calle Atocha, frente a la plaza de su padre, Carlos V, cerca del monasterio de Santa Isabel que fundó este rey como Colegio de Niñas. También en esta zona, Prado con San Jerónimo, estuvo el primer hospital patrocinado por Felipe II. Al final del diálogo se sugirió que se consultara la posibilidad de colocarlo donde estaba y, si no fuera posible, estudiar otros emplazamientos. El de la plaza de la Villa contó con varios apoyos.

El Ayuntamiento acaba de presentar un plan para repoblar calles y plazas con monumentos de sus fondos. El baile de estatuas y fuentes ha sido constante en la historia de Madrid. Hubo un momento en el que la capital se vio embellecida por un aluvión de nuevos monumentos. Fue el año 1902 con motivo de la mayoría de edad —16 años— del rey Alfonso XIII. Comenzaba en ese momento su reinado, que se prolongó hasta el 13 de abril de 1931.

En ese año diversos enclaves céntricos se vieron favorecidos con esculturas, muchas de ellas auténticas obras de arte.

La popular plaza de Cascorro se vio beneficiada con una obra de Aniceto Marina: el monumento a Eloy Gonzalo, el héroe de Cascorro. Aunque el Ayuntamiento de la ciudad había acordado su colocación en 1897, no se inauguró oficialmente hasta el 5 de junio de 1902. En ese momento la plaza de llamaba oficialmente Nicolás Salmerón. Tras la colocación del monumento todos comenzaron a llamarla “de Cascorro” así que, en 1913, el Ayuntamiento le dio oficialmente ese nombre.

El mismo día 5 de junio se inauguró la estatua de Goya que actualmente se ve frente al lateral del museo del Prado. Pero aquel día se había levantado en el paseo de coches del Retiro, frente a la casa de fieras. Tres años más tarde se trasladó a la confluencia de la calle Goya con Velázquez. Finalmente, en 1946, se colocó en su emplazamiento actual. La escultura es obra de Mariano Benlliure.

Don Alfonso XIII se pasó la tarde de ese día de plaza en plaza, inaugurando estatuas. Félix Lope de Vega fue otra de las personalidades homenajeadas. La estatua que hoy vemos frente al convento de la Encarnación se levantó primero en la glorieta de San Bernardo. Estuvo allí desde 1902 hasta 1905. Ese año se llevó a la glorieta de Rubén Darío. Su ubicación definitiva —hasta hoy— se produjo en 1966. La escultura es de Matero Inurria.

Otro literato ilustre, Francisco de Quevedo, fue inmortalizado por Agustín de Querol. Y tampoco estuvo en la isleta actual en sus orígenes, sino en la plaza de Santa Bárbara, hoy de Alonso Martínez. Y aunque se inauguró el 5 de junio de 1902, solo fue un molde en yeso. Tras la ceremonia siguieron los trabajos. En la glorieta de Quevedo se colocó el año 1963.

El artista madrileño Miguel Ángel Trilles fue el autor del hermoso conjunto que homenajea a Juan Bravo Murillo. Para no ser menos que sus coetáneos, se erigió originalmente en la glorieta Bilbao, retirándose en 1961 y colocándose dos años más tarde en el chaflán que ocupa actualmente.

Con el fin de que la ornamentación llegara al mayor número de distritos, se destinó al cruce de Velázquez con Lista (hoy Ortega y Gasset) el monumento al Marqués de Salamanca, obra de Jerónimo Suñol. Pero no se llegó a tiempo con ella y no sería inaugurada hasta abril de 1903. Posteriormente se trasladó a la nueva plaza en el cruce con Príncipe de Vergara, donde sigue.

Finalmente en el lote se rindió homenaje al ministro y alcalde de Madrid, Agustín Argüelles. Fue obra de José Martínez Alcoverro y se colocó en el cruce de Princesa con Alberto Aguilera. No piensen que se quedó allí.Se llevó al Parque del Oeste en 1967 y en 1995 volvió a la calle Princesa a la altura de la calle Quintana. Allí tuvo lugar diez años más tarde, un siniestro que destrozó el grupo escultórico al empotrarse un coche en el pedestal. Tras la restauración el Ayuntamiento decidió llevarla al cruce del paseo de Rosales con Ferraz, donde se reinauguró en 2011.

En este plan, promovido por el alcalde Augusto Figueroa, se quedaron fuera Ramón de la Cruz, Fernández de Moratín y Ventura Rodríguez. Se había presupuestado la cantidad de 35.000 pesetas para cada monumento, aunque algunos rebasaron esa cifra.

Otro alcalde, José María Álvarez del Manzano, también promovió durante sus doce años de mandato la colocación de varias esculturas en el paisaje urbano. No fueron en todos los casos, homenajes a ilustres, como antaño. Son estatuas de ciudadanos corrientes, no muy apreciadas artísticamente, cuando no rechazada directamente. Eso le ocurrió a la violetera de Santiago de Santiago (iniciativa ésta de Rodríguez Sahagún) que fue desplaza del cruce de Alcalá a los jardines de las Vistillas, donde no es muy vista precisamente. El 24 de junio de 1994 se inauguró en el acceso al parque Ferial Juan Carlos I, el monumento a don Juan de Borbón, proyectado por Víctor Ochoa. El mismo escultor levantó en 1997 otro controvertido monumento, el quinto dedicado a Goya en la calle de su nombre. Ese mismo año, coincidiendo con la rehabilitación de la plaza de la Paja se colocó la estatua de un hombre sentado, obra de Félix Hernando García. En otros puntos del centro, como la plaza de San Ildefonso o frente a la escuela de Artes Aplicadas se instalaron esculturas de estudiantes o bailarines. El madrileño Roberto Manzano es el autor, en 1999, de la bailarina instalada en la calle de la Palma.

Álvarez del Manzano recurrió a la consulta popular para levantar el monumento al rey Carlos III. La promovió en 1993, muy dirigida a lograr que los votantes eligieran la Puerta del Sol. Así ocurrió y la estatua ecuestre se inauguró el 16 de diciembre de 1994.

No deja de ser encomiable el plan del actual ayuntamiento para mejorar la ornamentación y recuperar para las calles obras apreciables. Pero nos gustaría que cada proyecto se estudiara con todo detalle para evitar nuevos atentados estéticos al paisaje madrileño. Ya hemos tenido bastante con la plaza de las Cortes, la de Vázquez de Mella, Callao o Red de San Luis.
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

+
1 comentarios