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Nuevas generaciones

martes 22 de enero de 2013, 00:00h
Actualizado: 29/01/2013 13:43h
Como se dice popularmente, la lió parda la señora alcaldesa al señalar, como el que no quiere la cosa, al final de un acto público, que ella “suprimiría las nuevas generaciones de los partidos políticos”. Tan parda, que desató las iras de los lobeznos, a los que ni siquiera les contuvo, en sus comentarios, la procedencia y el “abolengo” de Ana Botella. De hecho, hubo quien trajo a colación sus ”peras” y sus “manzanas”  como si la atacada no fuera la ex primera dama del país y del PP, sino la cabeza visible de la oposición política.

Lo cierto es que vivimos tiempos confusos, en que cuesta menos escuchar y reflexionar sobre lo que oímos, que responder con el primer “calentón”. Y así nos va. En este caso, creo que es de aplicación el refrán: no hay palabra mal dicha, sino mal interpretada. No me pareció que la alcaldesa quisiera insultar a nadie, ni decir que los jóvenes no deben estar en política. Lo que proponía tiene tanto sentido común que seguro que lo han pensado, en algún momento, un altísimo porcentaje de los españoles. Y no es más que sugerir que los políticos tengan, además de su actividad pública, un trabajo. Que sepan lo que ocurre ahí fuera, cómo es el mundo real. Que busquen empleo, que tengan que pasar por las pruebas –pequeñas o grandes- que a todos nos tocan a diario. Que no se acostumbren a vivir entre influencias y favores. Que sepan de la vida, de la del común de los mortales.

Hace años escuché decir a un conocido líder sindical en la radio que cumplía 30 años dedicado a jornada completa a su organización sindical. Me pareció tremendo, y peligroso –sobre todo para él-. Otra vez escuché decir a un conocido empresario –luego caído en desgracia- que llevaba una década sin pisar nada que no fuera moqueta. ¿Alguien con esa vida puede saber algo del mundo real?

Claro que los jóvenes tienen que entrar en política. Apañados vamos los que ya nos acercamos a la mediana edad si no contáramos con ese repuesto de savia fresca, aún incorrupta, que mantenga vivo el fuego de los ideales. Pero una cosa es estar en política y otra es vivir de la política, y otra muy diferente convertir la política en un medio de vida, o en una profesión. Eso no es bueno para nadie, pero sobre todo, no lo es para los ciudadanos.
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