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La casa común de la corrupción

lunes 21 de enero de 2013, 00:00h
En todos los partidos cuecen garbanzos y en la mayoría aparecen algunos ejemplares negros. Por eso nadie le puede echar en cara al otro que tenga garbanzos que ponen lunares en el cocido. Los casos de corrupción política son antiguos como la propia democracia, y desde sus orígenes ninguna formación política puede decir de ese agua corrompida no he bebido, ni beberé. Aquí no se salva nadie de haber estado en el ajo o cerca del ajo. Por eso extraña tanto que cuando sale a la luz pública un nuevo escándalo de corrupción política, el vecino de enfrente, el partido de enfrente, saque pecho, se llene de orgullo ético, se de una baño de honradez y pida llegar hasta el fondo, castigar hasta el fondo, porque ya sabe por experiencia propia qué es el fondo y que nunca se llega hasta el final.

A los electores, ciudadanos y contribuyentes todos nos indigna que con toda la corrupción que ha llovido en este país, todavía sigan apareciendo negros nubarrones sobre el cielo de la transparencia y descarguen chubascos de porquería. El caso Bárcenas ha vuelto a destapar la caja de los truenos y con ello la democracia ha sufrido otro bofetón. No ha tardado nada en salir el responsable del partido puntero de la ética, el señor Pérez Rubalcaba, a escandalizarse por este caso que salpica al Partido Popular. El líder de los socialistas se echa las manos a la cabeza, saca pecho y exige a los populares algo parecido a que se quemen a lo bonzo para purgar sus culpas.

Y después de la corrupción, lo que nos escandaliza es el cinismo, el rasgarse las vestiduras porque en la casa de enfrente está pasando lo que tantas veces ha pasado en la de uno.

Para los de memoria selectiva, los olvidadizos, los que desconocen la historia reciente de España y aquellos que pasaron página, hay que recordar que el primer caso de corrupción institucional en nuestra joven democracia, se produjo en 1981 en el Ayuntamiento de Madrid, gobernando el PSOE y siendo alcalde Enrique Tierno. Fue un socialista, Alonso Puerta, quien denunció adjudicación irregular de contratos públicos para el cobro de comisiones y financiación del partido. Ahí dio comienzo la triste historia de la corrupción en España y que dio lugar a la frase de: “PSOE, cien años de honradez y cinco de ayuntamientos democráticos”. Después llegarían los casos Filesa, Boletín Oficial del Estado, Roldán, fondos reservados y un largo etcétera. Por eso resulta indignante que los partidos que han estado inmersos en casos de corrupción, saquen pecho con  aparente dignidad cuando llueve porquería sobre la parcela de enfrente. Y somos los ciudadanos los verdaderamente indignados por tanta suciedad en la casa común de la política española.
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