Ya lo vaticinaba el propio Mariano Rajoy al poco de comenzar 2012 a sus socios europeos: "La reforma laboral me costará una huelga". Sus augurios se confirmaban a principios de marzo, apenas tres meses después de llegar al poder, cuando los sindicatos convocaron formalmente una jornada general de paros para el día 29 de dicho mes, en la jornada previa a la presentación de los Presupuestos Generales del Estado para 2012.
Ni las manifestaciones, ni las concentraciones, ni el resto de actos de movilización de los sindicatos bastaron para frenar la que ha sido calificada por estos como la reforma laboral “más regresiva para los derechos de los trabajadores”. La indemnización por despido se reducía de 45 a 33 días por año trabajado en despidos improcedentes y de 20 días en despidos por razones económicas.

El nuevo texto permitía también a las empresas acogerse a estos últimos simplemente si prevén disminución "persistente" de ingresos durante tres trimestres consecutivos, así como libertad para bajar de manera unilateral los salarios por "razones económicas, técnicas, organizativas o de producción". Apenas un mes después de la aprobación del articulado por real decreto del Consejo de Ministros, los sindicatos mayoritarios, CCOO y UGT, convocaron la novena huelga general de la democracia.

Una concentración masiva en la Puerta del Sol a última hora del día 28, en la que los líderes sindicales llamaron a secundar los paros, daba el pistoletazo de salida a la jornada de huelga. Madrid vivió aquel jueves 29 de marzo como si se tratara de un domingo a mitad de semana. No hubo retirada de basuras; los quioscos permanecieron cerrados, apenas hubo clases en los institutos y en la Universidad, no abrieron las grandes industrias y el transporte, salvo Metro, se limitó a los servicios mínimos. Por el contrario abrió el comercio, los turistas pudieron entrar en los museos, trabajaron los taxistas y los bares y restaurantes tuvieron una gran afluencia.

Colas en las paradas a la espera de los contados autobuses de la EMT, andenes de Metro llenos, pocos institutos con actividad normal, polígonos industriales a medio gas, más atascos en las carreteras que en un día laborable normal por un aumento de los vehículos privados, quioscos cerrados y trenes de Cercanías y vuelos limitados a los servicios mínimos.

En las calles los porteros retiraban los cubos de basura que no habían sido recogidas, las aceras estaban 'sembradas' de dípticos convocando a la huelga, numerosos agentes de la Policía Nacional o Municipal vigilaban los principales cruces y plazas, las colas de viajeros se alargaban en las principales paradas para tomar los escasos autobuses, los quioscos permanecían cerrados...A las 8 de la mañana, la demanda de energía eléctrica era un 24% inferior a la del pasado jueves y los servicios mínimos se cumplían.

El transporte público, limitado a los servicios mínimos, hizo que se incrementaran las congestiones en las carreteras de acceso a la ciudad. Los comercios comenzaron a abrir, primero tímidamente, y luego con más normalidad los comercios y las grandes superficies. La presión de los piquetes se hizo especialmente visible en las calles situadas en el entorno de la Puerta del Sol. Muchos establecimientos sufrieron pintadas y pegadas de carteles en sus escaparates con lemas contra la reforma laboral, pero no cerraron sus puertas al público a pesar de que la afluencia de gente era mucho menor que la de cualquier otro día de diario.

Tampoco los museos se vieron afectados por la huelga. Los más importantes abrieron sus puertas con normalidad, aunque en la mayoría de los casos se notó una menor afluencia de visitantes que otros días, como es el caso del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía o el Museo Thyssen-Bornemisza.
Guerra de cifras
La jornada, que se saldó con un total de 57 detenidos por diversos incidentes, estuvo protagonizada por la habitual guerra de cifras entre Ejecutivo regional y sindicatos. Una vez más, los sindicatos y los representantes de las Administraciones difirieron radicalmente en los datos facilitados. Para UGT y CCOO, pararon en Madrid entre 1,6 y 1,7 millones de trabajadores, un 77 por ciento. Para la Administración y la patronal se cumplieron los servicios mínimos y apenas un 16 por ciento de los trabajadores secundó el paro.

"La huelga ha sido un éxito rotundo e incuestionable", aseguraba el secretario general de CC.OO. de Madrid, Javier López, que señalaba que se había superado el seguimiento de las dos últimas convocatorias.Por su parte, la Confederación Empresarial de Madrid aseguró que la mayoría de los trabajadores de la Comunidad de Madrid no habían secundado la jornada de huelga general y la actividad de las empresas y comercios se estaba desarrollando con normalidad. Reconocía, no obstante "una relativa incidencia en el sector industrial de la automoción, mientras que en el resto de sectores la jornada laboral no registra incidencias de mención".

La delegada del Gobierno en Madrid, Cristina Cifuentes, señaló que la huelga había sido secundada por un 7 por ciento de los trabajadores del sector privado, el 16,25 por ciento de los empleados del sector público y un 25,9 por ciento en el ámbito del Ayuntamiento de Madrid. Cifuentes indicó que se seguían ccumpliendo los servicios mínimos en un porcentaje superior al 90 por ciento.
Multudinaria manifestación
Una multitudinaria manifestación puso broche a la jornada de protesta contra la reforma laboral. Decenas de miles de personas secundaron una marcha iniciada en la plaza de Neptuno, que discurrió en ambiente festivo, con gritos y pancartas como 'Rajoy recorta también los meses que no llego a fin de mes' o 'Violencia total, robáis casa y pan. Rebelión contra la esclavitud', para concluir en la Puerta del Sol. La gran aglomeración de personas allí congregada obligó a Renfe a cerrar la estación de Cercanías por motivos de seguridad.
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Los paseos del Prado y Recoletos, entre Atocha y Colón, habían sido cortados desde las 16.30 horas. Junto a Toxo y Méndez encabezaban la marcha, que se encaminaba hacia la Puerta de Sol, el secretario de organización del PSOE, Óscar López y el coordinador general de IU, Cayo Lara.
También acompañaban a los manifestantes, aunque no en la cabecera de la manifestación, algunos miembros del Partido Socialista como el secretario de Formación, Rafael Simancas; el exministro Manuel Chavez; el secretario general del PSM, Tomás Gómez; la secretaria de Economía y Empleo, Inmaculada Rodríguez Piñero, y el secretario de Política Municipal, Gaspar Zarrías.