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Los enfermeros también tenemos criterio, pero hemos de hacerlo valer

Los enfermeros también tenemos criterio, pero hemos de hacerlo valer

lunes 15 de octubre de 2012, 00:00h
La reciente y flamante historia de la Enfermería, profesión de la que siempre hago gala subrayando que soy un vocacional, nos ha de hacer tener presente que los profesionales de enfermería tenemos criterio científico gracias a nuestra formación universitaria. Ahora ya no hay ninguna traba para llegar a ser Doctor, Profesor Titular o incluso Catedrático de una Universidad. Sin embargo, todavía tenemos un “largo camino por recorrer” en el ámbito clínico y de la humanización. ¿Puede un profesional de enfermería debatir y discutir en una sesión clínica, hospitalaria o de atención primaria, con los médicos del equipo, sobre el tratamiento y especialmente la “vía clínica de administración” de un medicamento determinado, y especialmente en un paciente personalizado con su propia historia clínica? Yo siempre he defendido que sí, incluso cuando éramos Ayudantes Técnicos Sanitarios; y mucho más ahora que nos enorgullecemos de haber llegado al Grado, al Máster y al Doctorado.

Y es que no puede ser de otro modo si lo que queremos es conseguir ese prestigio social del que tanto adolecemos a pesar de todo. Pero deberemos empezar por el principio, ganando poco a poco ese prestigio y respeto entre nuestros compañeros médicos, miembros como nosotros del ese “equipo de salud” del que tanto se habla.

Trataré de explicarme mejor con el caso que acabo de vivir personalmente: Mujer de 85 años, ingresada por una fractura de cadera y como es lógico, especialmente anticoagulada. Después de dos semanas de ingreso hospitalario presenta una infección urinaria por “enterococcus faecalis”, un germen bastante común por otra parte, confirmada por varios urocultivos seriados. Su médico, especialista en geriatría, le pauta tratamiento con Levofloxacino por vía intravenosa al observar que ya tiene una vía cogida (se trata de un potente y eficaz antibiótico que se puede administrar por vía intravenosa o bien por vía oral). Y hasta ahí todo bien. Estaba yo en la habitación de la paciente y observo que llama a la enfermera porque “el lugar de la vía” le duele y al parecer se había malogrado. La enfermera acude y sin mediar palabra se dispone a buscar una nueva vía en unos brazos llenos de hematomas por los múltiples pinchazos en las venas después de dos semanas de ingreso. Y es aquí donde nace el dilema sobre el que me gustaría invitar a reflexionar a nuestros lectores y especialmente a mis compañeros de profesión. Le pregunto a la enfermera en cuestión, si sería posible evitar a la señora un nuevo sufrimiento con el pinchazo que estaba dispuesta a realizar y me contesta sin ningún reparo: “lo siento pero yo tengo que pincharla porque así está ordenado y firmado en el parte del médico, el Levofloxacino por vía endovenosa”.  “Pero…, ¿no se le puede dar este antibiótico por vía oral ya que toda su medicación la toma de este modo?. Insiste ella: “ya le he dicho que yo tengo que hacer lo que acaba de firmar su médico”. “Y… no podría usted hablar con el médico y explicarle la situación personalizada de la paciente?”. “Le repito que no, y voy a buscarle una nueva vena para la vía”. “¡¡¡Pues entonces espere hasta que yo hable con su médico y me explique el rigor científico de su decisión!!!. Localizo al médico y nada más explicarle el tema, de médico a médico, me contesta: “¡Por supuesto!. Que le administren el Levofloxacino por vía oral y así le evitamos un nuevo sufrimiento y también una posible nueva vía de infección. Inmediatamente llamo para cambiar la pauta”. Pero la enfermera no quiso estar presente en la conversación, por lo que tuvimos que esperar a que comprobara con sus propios ojos, que el médico había firmado una nueva pauta: por fin, por vía oral.

¿Se trata de una excepción? Yo quiero pensar que sí. Pero si no fuera de este modo me gustaría que los profesionales de enfermería defendiéramos nuestro criterio científico en todos los aspectos, pero especialmente en este de la vía de administración de medicamentos, en lo que desde luego somos especialistas. ¿No tenemos derecho a debatir y discutir con el médico, compañero del equipo de salud, sobre la conveniencia de modificar la vía de administración de un medicamento dada la situación clínica y humana de la paciente? ¿No somos nosotros los que estamos más tiempo a la cabecera del enfermo y le conocemos mejor en cuanto a sus dolores y sus preferencias?.

Ahora se habla mucho de la “prescripción enfermera”, a la que no me opongo en absoluto, pero… ¿cuándo empezaremos a hablar del modo en el que tenemos que defender nuestro criterio científico, clínico y humano? ¿Se enseña ese modo de proceder en la Universidad?

Para terminar y siendo fiel a la realidad me sinceraré un poco más con todos. La paciente se llama Rosa y se trata de mi madre, por lo que yo estaba en la habitación como hijo, pero sobre todo como persona, como médico y especialmente como enfermero de vocación. Y la enfermera estaba al tanto de todo, aunque estoy seguro que lo de la vocación la descolocó, al menos a tenor de su cara de sorpresa. Y al final, me despedí de ella invitándola a reflexionar sobre el mejor modo de defender nuestro criterio como enfermeros y con una sencilla pregunta: “si se hubiera tratado de su madre, ¿hubiera seguido la instrucción del médico sin pensar, o hubiera preferido intentar cambiar la vía de administración del antibiótico hablándolo con él?”. ¡Pues me quedé sin respuesta!... pero es posible que se respondiera a ella misma cuando reflexionara sobre lo sucedido. Ni que decir tiene que inmediatamente, así como los días sucesivos, tuve que soportar malas caras y raras miradas de mis propios compañeros y las de la enfermera en cuestión. ¿Corporativismo? ¿Compañerismo mal entendido? No lo sé, que cada cual juzgue como mejor pueda, pero la verdad es que a muchos profesionales de la salud les falta conocer de cerca la importancia que tiene “el tacto de las emociones” en la relación directa con el paciente y sus familiares. Y esto, también debe formar parte del tratamiento en cada caso.

De todos modos, como decía Antonio Machado en su famoso poema al que le puso música Joan Manuel Serrat, “Caminante no hay camino, se hace camino al andar”.

Dr. Jesús Sánchez Martos
Enfermero y Médico
Catedrático de Educación para la Salud
Universidad Complutense de Madrid

Jesús Sánchez Martos

Catedrático de Educación para la Salud en la Universidad Complutense de Madrid

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