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Far West: el Oeste según Yllana

Far West: el Oeste según Yllana

martes 04 de septiembre de 2012, 00:00h
Actualizado: 05/09/2012 18:33h
Los de Yllana, que ya se han inspirado en algunos de los géneros cinematográficos más taquilleros para sus espectáculos, sucumben ahora a los encantos del Far West. Así que presentan en su teatro Alfil, “una del Oeste”. Y hace falta valor sabiendo que, en un buen western, no pueden faltar caballos, diligencias, tiroteos, indios, el saloon, la chica y los bandidos en “Se busca”.
Los indios, los vaqueros, la chica y hasta los buitres son Susana Cortés, Antonio de la Fuente, César Maroto y Rubén Hernández. Y ellos, además, convierten el pequeño escenario en una pantalla animada por la que desfila lo mejor del género. Y lo hacen con una historia también clásica: chica inocente llega perdida al lejano Oeste para encontrarse con su amado, un apocado vaquero. Dos bandidos la raptan y el anti héroe deberá emprender un arduo rescate que acabará con el beso final de los enamorados.

Yllana desentraña los entresijos de cualquier género para encontrar dónde sacar punta, donde distorsionar los elementos para provocar –sin palabras- las carcajadas. Y lo hace con unos extraordinarios actores y una singular escasez de medios para la puesta en escena. Acierta más cuando lleva las escenas hasta el absurdo o el esperpento. Aquí, por ejemplo, es desternillante el momento de los buitres acechando a la joven moribunda. Otra escena especialmente feliz es la de los indios ensayando la danza de la lluvia, con un final inesperado. Y es que lo que provoca más risa son las acciones rápidas, cortas, por lo sorprendentes para el espectador. Tienen la suerte de contar con un público cómplice, que maneja sus claves, y que acepta sin pestañear que cuatro tablas puedan convertirse en un campamento, un tren, una armería o una carreta.

“Far West” no puede estar en constante hallazgo de “inventos” teatrales y por eso creo que se podrían ajustar los tiempos de algunas escenas, como la venta de armas. Al igual que pasa en “Brokers”, el montaje quiere terminar con una traca espectacular. En este caso la persecución en carreta y en tren de los bandidos. Hay en esa larga escena tal cantidad de movimientos, de sugerencias, de guiños que el espectador ya no sabe a donde atender. Realizar en tan pequeño espacio, con precisión, esta complicada propuesta es arriesgado. Supongo que, a medida que avancen las representaciones, toda la acción se ajustará con más precisión.

Que llegan al público, no cabe ninguna duda. Que el trabajo de todo el equipo durante una hora y veinte es extenuante, tampoco. Yllana –y todos los actores que actúan bajo su marca- es ya casi un género teatral único, con sus señas de identidad y con su copyright. Y con su público, como las grandes compañías estables de antaño.
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