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Seguridad para Lavapiés

Seguridad para Lavapiés

Por Ángel del Río
lunes 02 de julio de 2012, 00:00h
Actualizado: 24/07/2012 14:43h
La delegada del Gobierno, Cristina Cifuentes, ha pusto en marcha un plan especial de seguridad para Lavapiés, consensuado por las administraciones, los vecinos y los comerciantes de la zona.

Lavapiés, el antiguo Avapiés, fue la judería en Madrid. Cuando los judíos fueron expulsados de España, los conversos que se quedaron y siguieron habitando lo que entonces eran los barrios bajos de la capital, adquirieron el compromiso de poner por nombre Manuel a todos sus primogénitos, en recuerdo al Niño Dios. De ahí que con el tiempo, el término “manolo” se aplicara a los vecinos del barrio, y el de “manolería” a una de las castas más madrileñas.

Lavapiés fue la cuna de la manolería y también el último bastión del casticismo más auténtico. Lavapiés aguantó durante muchas décadas las tradiciones más madrileñas, los escenarios y personajes de zarzuela, los mitos del Madrid popular, el comercio de puerta de calle, las corralas, animado hormiguero de vecindad, y las formas de ser, comportarse y hablar de un Madrid que se estaba diluyendo por los arrebatos de la modernidad.

Pero en pocos años, Lavapiés ha perdido casi todo lo que tuvo de esencia castiza, de raigambre popular. El mestizaje, la fusión de culturas, la convivencia interracial, es buena si se desarrolla de forma armoniosa. No ha ocurrido así en Lavapiés, cuyas casas y comercios fueron adquiridos o alquilados por la inmigración más diversa, que en principio tuvo serios problemas de convivencia entre los propios inmigrantes y en relación los vecinos de toda la vida. Más tarde, cuando se consiguió una cierta estabilidad social, fruto también de los planes de rehabilitación urbanística, surgieron los problemas de inseguridad, que son los que ahora ocupan y preocupan a propios y extraños, a los antiguos vecinos que no se quieren ir de Lavapiés, y a los que han llegado en los últimos años. Se ha pasado de la discusión de corrala, de patio de vecindad, de la riña de taberna, a la delincuencia peligrosa, a la trifulca permanente, a las reyertas con armas y sangre, al robo y la intimidación, incluso al enfrentamiento con las fuerzas del orden cuando éstas intentan intervenir en un conflicto, como ocurrió recientemente.

Lavapiés perdió un día su forma de interpretar el casticismo más puro; después su seguridad, y esto es lo que ahora se quiere recuperar a través de un plan específico. Es necesario.

Ángel del Río

Cronista Oficial de Madrid y Getafe

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