Eurovegas y otros espectáculos
martes 26 de junio de 2012, 00:00h
Actualizado: 24/07/2012 14:45h
Que el paro asfixia es algo más que una frase ocurrente; hay cinco millones de testigos, y sus familias, dispuestos a jurarlo. Por eso es tan importante conseguir que el mercado laboral se mueva, que se creen empleos. Incluso aunque esos empleos no sean los mejor pagados; en realidad, ¿qué es un buen sueldo hoy en día, cuando acaba de conocerse que la media de los españoles no llegan a los 22.000 euros al año?
El proyecto Eurovegas puede suponer un revulsivo, un estímulo, y una puerta de salida del paro para decenas de miles de personas, tal vez cientos de miles, si se cumplen las mejores expectativas. Ya digo que es sólo mi opinión, pero soy de las que creen que es mejor un mal trabajo que ningún trabajo. Pero el espectáculo de los políticos patrios recibiendo a los enviados del magnate Adelson, el jefe supremo de Las Vegas Sand, tiene algo de obsceno. Por los recibimientos, las escoltas, las carpas especiales hiperrefrigeradas que se les han puesto para que no pasen demasiado calor, la comitiva de coches, las atenciones, la visita privada al Museo del Prado, el desplazamiento de los principales empresarios del país para rendirles pleitesía...
Ojalá sirva de algo, y no terminenos haciendo un inmenso ridículo si al final los norteamericanos terminan eligiendo para su megacasino otra ubicación, fuera de España. De momento, lo único que hemos recibido de ellos, además de visitas y evasivas muy educadas, son aplazamientos: primero iban a anunciar su decisión sobre el emplazamiento de Eurovegas a finales de mayo; luego, a finales de junio; y ahora hemos sabido que no será hasta septiembre. A eso, en el desierto de Nevada, no sé cómo se le llamará; aquí le decimos "marear la perdiz".