Crítica teatral.- La Partida
martes 05 de junio de 2012, 00:00h
Actualizado: 06/06/2012 13:34h
La pequeña sala Azarte, en el corazón de Chueca, lleva meses realizando en su programación un hueco para el teatro de temática homosexual, muy bien acogido por los habitantes y visitantes de este barrio. "La partida" es su último estreno, una obra de Paco Rodríguez.
En Nueva York, en los noventa, alguna sala del off-Broadway (Actor's Play House, por ejemplo) optó por estrenar comedias realizadas preferentemente por artistas homosexuales y con temática gay. "Party" fue una de ellas, a la que siguieron "Making porn" y "Naked boys singing". Hasta se estrenó una estupenda comedia de suspense, al estilo de Agatha Christie: "All about Steve", remedo gay de "Eva al desnudo". Después, con el endurecimiento de la censura a la hora de exhibir desnudos, fue decayendo la moda.
En España, hasta la desaparición de la censura, la homosexualidad era prácticamente tabú en la escena. Cuando aparecía algún personaje, tenía que ser atormentado y acabar generalmente muy mal. Benavente tuvo la osadía, en 1931, de presentar "De muy buena familia", que su empresario del teatro Lara no se atrevió a estrenar. Se fue con Margarita Xirgu al Muñoz Seca, donde vio la luz el drama. Aunque, a la hora de leer críticas o comentarios, nunca aparece la palabra homosexual y eso que gira en torno al crimen de un viejo gay, perpetrado por un joven "de buena familia", descarriado naturalmente. Y cuando se abordaban textos internacionales, como "La gata sobre el tejado de zinc" en los que sobrevuela la homosexualidad, los directores debían encontrar la forma de solaparlos.
No sería hasta el estreno de "Los chicos de la banda" un mes antes de morir Franco, con la policía vigilando los alrededores del teatro Barceló, cuando los homosexuales comenzaron a aparecer con naturalidad, con problemas propios de su identidad o con tramas que podrían encajar en cualquier rol. Han pasado casi cuarenta años desde entonces y a nadie extraña una comedia o un drama gay.
Paco Rodríguez en "La partida" mezcla los dos géneros. Lo que comienza como una alocada comedia sobre el reencuentro de tres homosexuales, amigos desde la adolescencia, termina como un drama romántico, de indudable eficacia a juzgar por el desplegar de pañuelos por parte del público. En realidad asistimos a la materialización de un proyecto teatral. Su autor y el productor dirigen, en el mismo plano que los actores, la acción y la modifican a su antojo. A partir de un momento ambos se comportan como dos personajes más del drama. Y comprobamos que, en realidad, fueron los protagonistas de la historia que se quiere poner el pié. Es cuando la obra gana en interés, aparcada la frivolidad inicial.
Estos giros de la historia exigen a los actores un trabajo de contención y de emoción. Rafa Sánchez, Javier del Arco y David Bueno son los personajes "ficticios". Paco Rodríguez y César Rosado son los maestros de ceremonia, los hilos que mueven en semipenumbra a los actores. Todos se esfuerzan por imprimir ritmo a la narración, aunque en la última media hora de representación también se dejan arrastrar por los sentimientos emotivos.
"La partida" es uno de los montajes programados en el festival visible que se organiza todos los años en torno a la celebración del día del Orgullo Gay.