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La 'maldición del número uno'

La "maldición del número uno"

jueves 24 de mayo de 2012, 00:00h
Ya estamos "cortados". El Comité Olímpico Internacional ha decidido que Madrid está preparada para organizar unos Juegos. Nos abre la puerta, nos cobra los 500.000 dólares americanos que abona cada candidata, y nos deja seguir en la carrera hasta el 7 de septiembre de 2013, cuando decidirá definitivamente qué ciudad organiza los Juegos. Y además, lo hace concediéndonos unas notas que son de premio: la mejor media entre las cinco candidatas, y obviamente la mejor entre las tres finalistas. Superamos en términos generales y en varios conceptos concretos a Tokio y a Estambul.

Pero eso no significa nada. Nada de nada. Quienes hemos asistido a los últimos intentos olímpicos madrileños lo sabemos: en Singapur, en 2005, las mejores notas eran las de París, y las segundas, las nuestras. Londres estaba en un discreto tercer puesto, pese a lo cual fue la elegida. Y ni contar lo de Copenhague en 2009: La mejor puntuada era Tokio, seguida nuevamente por Madrid, y detrás estaban Chicago y Río de Janeiro. Ésta, pese a situarse en el último lugar por sus puntuaciones, resultó finalmente la seleccionada por la Asamblea del COI para ser la sede de los Juegos de 2016.

Los responsables de la candidatura madrileña conocen la "maldición del número uno". Pero como decía el vicealcalde, Miguel Ángel Villanueva, "tampoco nos vamos a enfadar porque nos hayan dado la primera posición". Si algo significa, desde luego, es que Madrid está preparada como la que más, que sería una excelente sede y que hasta los mismos miembros del COI repiten ya ese mantra acerca del 80 por ciento de las instalaciones ya terminadas o en ejecución.

No hay nada más opaco que el Comité Olímpico Internacional, salvo tal vez sus decisiones. Por eso hay que valorar el paso del corte, porque nos permite seguir soñando. Pero siendo conscientes de que es una oportunidad para trabajar más, mejorar el proyecto y enfrentarse, dentro de dieciseis meses, con una votación secreta entre casi un centenar de personas cuyos intereses y prioridades nunca están absolutamente claros y, desde luego, no son medibles ni objetivables. El factor subjetivo, en todas sus acepciones, juega un papel fundamental en las decisiones del COI. Rogge ya nos sorprendió eligiendo Río porque quería ser el presidente que llevara unos Juegos, por primera vez, a Sudamérica. Aun siendo Tokio una potencia en todos los aspectos, a mí me da más miedo Estambul, por esa tentación que puede tener el responsable máximo del COI de pasar de nuevo a la historia trasladando los Juegos a una ciudad que es puente entre Europa y Asia, cruce de caminos y culturas. En cualquier caso, nada sabremos hasta ese mismo día; aquí no hay cábalas que valgan, ni lobby ni nada. La gerontocracia del COI tiene la sartén por el mango, y si me apuran, hasta la llave de la cocina.
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