Esperanza Aguirre se ha enfrentado, (es un decir), a la maquinaria de cine de Constantino Mediavilla para responder a una encuesta audaz de preguntas a quema ropa. Sabido es que los hermanos Lumière fueron dos y Constantino uno sólo, pero sin su influencia no se podría entender el periodismo-filmado del siglo XXI. En el movimiento de cámara de la entrevista a Esperanza Aguirre hay mucho de Lazarov y de Buñuel; talento audiovisual en arrobas. Ya quisiera Francis F. Coppola.
A pregunta de Mediavilla la presidenta regional afirma que un placer es un bocadillo de calamares, no le falta razón. También dice que al vino tinto ‘de vez en cuando’ le pone gaseosa, (es posible que esta respuesta no pasara el control del polígrafo). Y que le encanta la bicicleta y que hay que ver ‘La vida de los otros’, se supone porque es una película en la que pierden los rojos.
Si todos los personajes de la vida pública española fueran capaces de ponerse ante el objetivo Mediavilla, tendríamos otra visión más carnal de cómo son.
Lo que es una lástima es que no haya aprovechado la presidenta la foto con el bocata de calamares como cartel electoral. Hubiera sido un impacto gastronómico en toda regla y un apoyo a la cocina tradicional de urgencia madrileña.
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