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Crítica teatral.- La familia Pascual Duarte

Crítica teatral.- La familia Pascual Duarte

martes 14 de febrero de 2012, 00:00h
Camilo José Cela apenas se acercó al teatro como escritor. Firmó una adaptación de La Celestina en 1978 y de La irresistible ascensión de Arturo Ui en 1975. Y se han llevado a escena Oficio de tinieblas (1984), El carro del heno (1991) y Don Camilo el del premio (1991). Ahora Tomás Gayo afronta, con su propia productora, la adaptación de La familia de Pascual Duarte.
Hasta el 4 de marzo puede verse en el teatro Fernán Gómez está producción con la que se recuerda el décimo aniversario de la muerte del Premio Nobel, ocurrida el 17 de enero de 2002. Queda claro que una novela tan tremenda, con tanta violencia, no admite edulcoraciones. Pascual Duarte es un ser violento, asesino, que afirma, desde el principio: "Yo, señor, no soy malo, aunque no me faltarían motivos para serlo”. Y es que a este hombre la vida le sacude desde la infancia. El adaptador no elude esta violencia si bien algunos episodios se narran simplemente o se sugieren entre bastidores. Pero hay escenas –la pelea con El Estirao o la muerte de la madre– que sobrecogen a la platea.

En estos tiempos en los que productores y autores apuestan por la comedia y el humor para intentar llenar los teatros, el empeño de esta productora privada no deja de ser loable. Y arriesgado. Hasta ahora ha llenado teatros en Salamanca, Zaragoza, Burgos y en varias localidades de la comunidad madrileña.

La familia de Pascual Duarte teatral es una especie de narración en primera persona a cargo del protagonista. Poco a poco entran en escena otros personajes que interpretan el drama. Obviamente la representación pivota sobre Miguel Hermoso, en el papel más comprometido e importante de su ya destacada carrera. Sin abandonar la escena debe transitar entre un maremágnum de sentimientos encontrados que desemboca en el garrote vil. A su alrededor giran varias mujeres duras, vulnerables, sometidas todas por la fuerza fruta de la madre, una extraordinaria Lola Casamajor. Y debemos reseñar que todo el reparto es compacto, homogéneo, sin fisuras. La gran obra de Cela se ha recopilado en cien intensos minutos. Una escenografía neutra, mitad cárcel mitad chabola, y una sugerente iluminación que difumina los momentos duros, contribuyen a la calidad de la propuesta.

Llega a Madrid en un teatro público, atento a programar espectáculos interesantes sin preguntarse por su oportunidad en el tiempo. Tras el mes de representaciones madrileñas, esta propuesta seguirá por toda España y volverá a más escenarios de la red de teatros de la Comunidad.
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